miércoles, 30 de marzo de 2011

REFERENCIAS A LA SILVA CRIOLLA DE LAZO MARTÍ




Enamorado del campo y sus encantos, Lazo Martí crea la Silva Criolla y en ella presenta una constante invitación a volcar los ojos sobre a tierra, no sólo desde el punto de vista de la generosidad con que la naturaleza ha premiado a Venezuela, sino por lo que es ella misma: el campo, las flores, los ríos, las montañas, el límpido cielo, constituyen un continuo y verdadero solaz para el espíritu.

Lazo Martí dio un aspecto universal a su ambiente nativo e hizo vibrar en aquel escenario el drama del hombre y la naturaleza. La Silva Criolla representa la culminación de nuestra poesía nativista. El poema es un paseo lírico por la ancha geografía de nuestros llanos donde el poeta mezcla lo objetivo con lo simbólico y expresa además sus preocupaciones políticas y sociales, sus inquietudes filosóficas de la vida, la muerte y el destino humano. Están, así mismo, los testimonios de su exacto conocimiento del paisaje y las costumbres llaneras; la evocación de la primera esposa, fallecida prematuramente. Y sirviéndose de imágenes de la tierra, aparecen algunas de sus inquietudes espirituales relacionadas con el misterio de la vida y de la muerte.

Francisco Lazo Martí dedica su obra A un bardo amigo. Es un poeta simbólico que vive en la ciudad, Lazo le pide que regrese a los llanos, y para ello esgrime varios argumentos a favor de su petición: la nostalgia que invade a quien se ausenta de su tierra natal, el peligro de verse humillado ante los poderosos, la ciudad corruptora, el decoro personal vendido al mejor postor. Es decir, una concepción ética de la vida.

En la "Invitación" salta a la vista un tema clásico, como es el contraste entre la ciudad corruptora y el campo bienhechor, ya manejado por Andrés Bello en La silva a agricultura de la zona tórrida. Dentro del tema tradicional que se remonta a Horacio, hay elementos nuevos que emanan de la época y de las circunstancias de Lazo Martí, como es la simbolización en las cumbres, en los picos abruptos, en la nieve que baja a entumecer las almas, del régimen de Cipriano Castro, combatido por Lazo Martí. En efecto, la Caracas que ahí aparece sin nombrarse, corresponde a la de los tiempos de Castro, tenido como uno de los gobernantes más corrompidos. Es una urbe carcomida por la adulancia, por el oportunismo en política y por una inversión de valores, tal como la retrató por la misma época, Manuel Díaz Rodríguez en su novela Ídolos rotos (1901).

A semejanza de Bello, Lazo Martí no predica el regreso al campo para que su amigo venga a solazarse en la paz y en la belleza del paisaje. Por el contrario, le señala aquellas motivaciones que lo obligan no sólo a volver, sino a desempeñar tareas sociales encaminadas a redimir a los humildes, arruinados y aun asesinados por la guerra, los caudillos políticos y las enfermedades. La Invitación, e incluso todo el poema, contienen un mensaje doctrinario, es un valor didáctico, una de las características del poema neoclásico, tratado por Andrés Bello.

Pocos poetas venezolanos han captado y expresado el paisaje con la hondura y complejidad de Lazo Martí. Se sabe que nació en las llanuras venezolanas, y que las recorrió a pie y a caballo en incontables ocasiones, y en todas las circunstancias estacionales. En los meses de plena floración. Bajo los soles del verano que todo, lo propician para el trágico incendio. En los tiempos lluviosos, cuando los ríos se desbordan y la muerte emana del agua. Las contempló a la luz del amanecer, al mediodía, en el ocaso, en la inmensa noche sabanera. Estuvo entre sus matorrales, entre sus arbustos, bajo sus árboles. Miró sus garzas, sus gavilanes, sus tenues mariposas, sus venados. Escuchó el canto veraniego de las chicharras, el oscuro rumor de las colmenas, el bramido del padrote, y el mugir de las vacadas. Con tan ricas y variadas imágenes polisensoriales, Lazo Martí hizo cuanto un poeta podía hacer con aquella materia prima, en lo que se refiere a su tratamiento jerárquico en tres planos o niveles estéticos: el nivel de las imágenes, el nivel de las metáforas y el nivel de los símbolos.

El nivel de las Imágenes

Es el más sencillo y elemental, ya que se limita a una descripción objetiva del paisaje, circunscrita a reproducir del modo más fiel la realidad que el poeta ha captado a través de sus sentidos. Es pintar fidedignamente con palabras, y nada más. En Lazo encontramos pocos ejemplos de este nivel. Uno que podría servirnos, no sin salvedades, es cuando enumera y describe algunas de las flores y frutos del llano:

Tras la menuda flor cuaja el uvero
su gajo tempranero;
sus nacarados frutos en el limo
el punzador curujujul engendra;
la maya erige colosal racimo
y desprende el merey sabrosa almendra....


En esta enumeración, el uvero es el uvero y el merey es el merey. Las palabras se corresponden directamente con la imagen que expresan. Es un lenguaje predominantemente denotativo.

El plano metafórico

Se trata de un procedimiento estético en el que las imágenes dejan de ser representaciones del mundo objetivo, para connotar la visión que el poeta tiene de ese mundo. Cuando la descripción no es puramente objetiva, se debe aceptar que se ha iniciado un proceso de interiorización del paisaje, puesto que el poeta ya no intenta expresarlo tal como es, sino como lo ve y lo siente.

Agobiado por el recuerdo de su esposa muerta, y paseando a solas por los mismos lugares que visitara junto con ella, Lazo Martí ve la llanura ya no simplemente como la llanura es en las horas crepusculares, sino que brinda una descripción interiorizada donde las imágenes, por medio de símiles y la metáforas, produce la doble visión del llano crepuscular (imágenes sugerentes) y de una inmensa cámara mortuoria y un cementerio (imágenes sugeridas):

Como en aquellos días
del venturoso tiempo ya lejano,
en pos de mis pasadas alegrías,
vuelvo a tender la vista sobre el llano.
Caído en la remota lontananza,
sin su manto de gloria,
el moribundo sol parece un cirio
que alumbrase honda cámara mortuoria.
El viento, sin rumor, apenas riza
la silente laguna en cuyo espejo
invisible dolor vertió ceniza;
y con vuelo despacio,
de la tarde a los pálidos reflejos,
las garzas que se irán, que se irán lejos, pueblan de cruces blancas el espacio
.

El plano de los símbolos

Es el más profundo de los tres niveles. Se produce cuando Lazo Martí emplea imágenes de la naturaleza llanera para simbolizar inquietudes metafísicas que en modo alguno le pertenecen exclusivamente. No se trata, por ejemplo de su particular dolor, sino de sus preocupaciones en torno a problemas que han llamado la atención del hombre de todos los tiempos y lugares. Tal ocurre con la incógnita de la vida y de la muerte.

Del camino a la vera
fingen los alineados matorrales
muda legión de sombras espectrales
en momentos de espera.

Alada flor de broche diamantino,
errante flor de fulgida hermosura,
flor de luz, el cocuyo peregrino,
irradia la espesura.

Y náufrago en la noche sin ribera,
mi espíritu se abstrae
pensando que de un mar desconocido
el llano es una ola que ha caído,
el cielo es una ola que no cae.

Aquí se puede observar, a propósito del cocuyo, los tres planos. El de la imagen objetiva del cocuyo que irradia en la espesura. El de la metáfora que lo convierte en una alada flor de broche diamantino y fulgida hermosura. El del símbolo de una pequeña luz errátil, luz-misterio que se mueve entre las sombras espectrales del matorral, bella en sí misma, pero incapaz de iluminar el camino. Por algo el poeta se abstrae en la noche sin ribera de sus dudas, y sólo alcanza a pensar, simbólicamente, que el llano -la Naturaleza física al alcance del conocimiento- es una ola que ha caído, y que el cielo -emblema de lo incógnito, de lo que está más allá, de lo inaprehensible por los sentidos- es una ola que no cae. Se trata, pues, de imágenes simbólicas con las cuales Lazo Martí, sin salirse de su mundo llanero, representa algunos interrogantes del hombre en su eterno preguntarse acerca de quién es, de dónde viene, por qué está aquí, y hacia adónde va.

La Silva Criolla es un canto simbólico a la Naturaleza, vista en sus fases extremas de vida y muerte. El hombre no juega ningún papel en la modificación de las leyes inexorables que rigen los ciclos de lo que nace y muere, eternamente. No sólo no influye, sino que él mismo es parte de esos ciclos. Cuando las faenas del campesino están relacionadas con la siembra o con el pastoreo, sus formas de trabajo dependen en gran medida de los cambios estacionales.

De todos los múltiples aspectos que Lazo Martí podía seleccionar en lo relativo a la vida, alimentación, vestidos, costumbres, folklore, creencias, ceremonias, y faenas de los llaneros, eligió sólo una de sus ocupaciones: la transhumancia del ganado vacuno Lo hace presentado las actividades para alejar los rebaños de los hatos, y para regresar más tarde con ellos, se armonizan perfectamente con el tema dominante en la silva, los ciclos de vida y muerte de la Naturaleza. Así, cuando hay sequía, los pastores y sus ganados emigran. La soledad y el silencio señorean en potreros y lugares de ordeño. Cuando renace la vida vegetal, y hay alimento y agua, pastores y ganados regresan. El aire se llena de cantos y la noche ampara las romerías amorosas de quienes en la ausencia, añoraron a sus compañeras.

REFERENCIAS

El Criollismo, Nativismo. Disponible: http://www.wikiteka.com/trabajos/criollismo/

Francisco Lazo Martí. Disponible: http://www.efemeridesvenezolanas.com/html/lazo.htm

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