DRAMATURGIA


VENEZUELA GüELE A ORO
(SAINETE)

Original de Andrés Eloy Blanco y Miguel Otero Silva


(Esta obra se estrenó en el Nuevo Circo de Caracas, el 25 de abril de 1942, en las festividades del aniversario de “El Morrocoy Azul”, con el siguiente
REPARTO
Sherlock Morrow …………………………………..                Antonio Saavedra
Morrocobrero……………………………………..…                Rafael Guinand
Mujiquita …………………………………………….                 Celestino Riera
Morrockfeller ……………………………………….                 Antonio Rovira
Joan Crawforf ………………………………………                Berta Moncayo
Miss Kakatúa ………………………………………                  Luisa Bonoris
Chang  ………………………………………………                 Enrique Salvador
Anésimo Onato  …………………………………..                   Jorge Reyes
Icotea  ………………………………………………                  María Luisa Donis

Policías, periodistas, senadores, muertos, Alemán, Italiano, Japonés, Español, Investigador, el Juez Villegas y como mil y un artistas más en el hit de los disparates.


ESCENA  I
Decoración de cortinajes negros. Al centro de la escena esta sentado Chang. Chang se levanta de la silla y avanza hacia el público. Luego se detiene, vierte un poco de agua de la jarra en el suelo, respira fuerte, se seca el sudor y dice:

Chang .—Esto es La Guaira (vuelve a su silla).

(Entran por la izquierda Mujiquita, Sherlock Morrow, Morrocobrero, Icotea, periodistas y curiosos. Entran por la derecha Mister Morrockfeller, Joan Crawford y Miss Kakatúa. Se saludan en el centro.)

Morrockfeller. – ¡Haló!
Periodista. -- ¡Jaló!
Mujiquita. -- ¡Jaló!
Morrocobrero (a Sherlock).—Ya jaló Mujiquita.
Morrockfeller (a Mujiquita). – Who are you?
Mujiquita. – Jú is jú?
Morrocobrero (a Sherlock). – Ya hay jú-jú
Policía (entrando con libreta). -- ¿Nacionalidad?
(Morrockfeller le pincha la barriga con la mano).
Policía. – Ni me diga. Venezolanos puritos. (Se va).
Sherlock  (a Morrockfeller). – Espik espanish?
Morrockfeller.-- ¡Claro! Desde chiquito. Voy a presentarles a la señorita  Joan Crawford y a Miss Kakatúa.
Todos. -- ¡Mucho gusto!
Mujiquita (dándole la mano a Joan). – De Pagüita a Santa Bárbara me tiene completamente a sus ´´ordenes.
Joan. -- ¿Doña Bárbara?
Mujiquita. – Santa Bárbara
Morrocobrero. -- ¡Qué bárbaro! Y que en Santa Bárbara. Duerme en Morfeo y eso cuando le fían.
Periodista. – En representación del Rotary Club, del Hogar Americano, la Prensa Asociada, el Partido Liberal, la Tigra del Calvario y el Congreso Latino Americano de Periodistas, venimos a darle a ustedes la bienvenida. Ustedes han manifestado el deseo de recorrer a Caracas y a Venezuela para llevar a la prensa extranjera las impresiones de nuestro país. Nosotros estamos encargados de acompañarlos en este recorrido, a fin de que puedan contemplar nuestras costumbres, nuestros miriñaques, nuestros avances fulminantes y nuestras retiradas estratégicas. He dicho.
Delgado Chalbaud.—Los saludo en nombre y representación del Partido Laborista.
Sherlock.—Tú eres Delgado Chalbaud, no me lo niegues.
Delgado Chalbaud.—Sí soy. (A los turistas). Al hablar en nombre de ese gran partido…
Miss Kakatúa.-- ¿Muy grande?
Morrocobrero (midiendo a Delgado con la mirada) Un metro sesenta con los zapatos puestos, señorita.
Joan.-- ¡Oh! ¿Y está muy lejos Caracas? ¿Qué distnacia?
Morrocobrero.—Pues… yendo todos, litro y medio más o menos.
Icotea. (a Miss Kakatúa).-- ¿Y usted también habla español?.
Miss Kakatúa (orgullosa).—Correctamente, nativa. Yo tenía un profesor en New York que se llamaba Mister Carevaca. Mister Carevaca me enseñó español y todo lo que se le puede enseñar a una mujer decente. Ya usted ve…
Icotea.-- ¡Ipanola, musiúa! A gozá pa la cara en esta guarandinga. Pero no se deje tumbá la empalizá por el primé cabeza e guásimo que le haga el sebastián.
Miss Kakatúa (desconcertada).-- ¿Qué dice usted?
Icotea.—Que el cambur verde mancha, misia. Y que en el Club Gililla hay mucho cucarachón que trabaja en vidrio y le zumba el mango…
Miss Kakatúa.-- ¿Pero qué dice esta mujer, Dios mío? (a Icotea) Hágame el favor, señora, ¿en qué idioma está hablando usted?
Icotea.—Guá, ¿en qué va a se? En la lengua de Cervantes y (enseñando a Sherlock) Saavedra. En español.
Miss Kakatúa (a Morrockfeller) (desesperada).-- ¡Morrockfeler! ¡Morrockfeller! ¡Carevaca me ha robado! ¡Me enseñó el portugués! ¡Que me traigan a Carevaca pá comémelo!
Morrockfeller (se pasea haciendo gestos con lacara, de localizar un olor).—Caramba, ¡qué olor tan raro!.
Morrocobrero (a Sherlock).—Nos fregamos! Ya nos descubrió.
Sherlock.-- ¿A qué huele, mister?
Morrockfeller.—¡Ah, ya sé! Huele a oro.
(Mujiquita contoneándose cambia el retroceso por el avance y se acerca a Joan).
Joan.-- ¿Huele a oro?.
Mujiquita.—Es cuestión de familia.
Sherlock.-- ¿Y, a qué huele el oro, mister?.
Morrockfeller.-- ¡Oh!. ¡Es un olor particular!.
Sherlock.—Pues hay que buscar el oro, mister. Porque si huele, por aquí debe estar.

(Inician todos la salida. Mujiquita detiene a Sherlock y Morrocobrero también queda en escena).

Mujiquita (a Sherlock).—Mire, compadre, yo le voy a decir una cosa.
Sherlock.—Métale.
Mujiquita.—Yo no le he caído mal a Joan. Esa mujer me conviene.
Sherlock.-- ¡Ay, Mujiquita! ¡Botaste la pelota!.
Mujiquita.—La pelota precisamente es lo que yo ando buscando.
Morrocobrero (interviniendo).-- ¡Adiós cará. Mujiquita! ¿Y cómo te imaginas tú que esa tronco e musiúa le va a hacé caso a un güele-frito como tú?
Mujiquita.—(mira despectivamente a Morrocobrero y vuelve a dirigirse a Sherlock).—¡Ellos dicen que aquí huele a oro. Pero esa mujer huele a plata!.
Sherlock.—Bueno, ¿y qué quieres tú que yo haga?
Mujiquita.—Ayúdeme. Póngame bien con esa mujer. Dígale que el que huele a oro soy yo. Dígale que soy nieto de Bolívar, que soy primo de López Contreras, que soy como hermano de Enrique Jorge Aguerrevere. Mírale, dígale todo al revés; dígale lo contrario de lo que usted sepa. Y si yo consigo esa mujer, usted se acomoda…
Sherlock.-- ¿con cuánto?
Mujiquita.—Con el diez por ciento
Sherlock.-- ¿Con el diez por ciento de la mujer?. Bueno, pero que sea un diez por ciento gordito.
Mujiquita.—No, hombre. El diez por ciento de la mascada.
Sherlock.—Nada de diez por ciento. Cincuenta mil bolos.
Morrocobrero.—Les advierto que yo no estoy en el ju-jú. Y eso que usted va a hacer, mister Morrow, tiene su nombre en la Plaza del Mercado, usted sabe, vendedor de bastones. (Saliendo) Pero cuídense de que yo no les estropée el pasodoble porque yo no cargo preso amarrao ni tengo pepitas en la lengua.
Mujiquita (a Sherlock).-- ¿Cincuenta mil, dijiste?. Pero chico, eso es un escándalo. Yo estoy mal, chico. Le debo cuarenta pesos a Edmundo Suegart. Con la guerra vamos a tener que rebajar los gastos… ¿Cuarenta mil?.
Sherlock.—Bueno, por ser a ti, acepto los cuarenta mil. Pero chico, por cincuenta hubiera sido capaz de decirle que tú eres de Duaca y dentista.
Mujiquita.—No tanto, hermano, no hay que exagerar. Pero dime una cosa, viejo. ¿tú crees que esa mujer me quiere?.
Sherlock.-- ¿Qué si te quiere? Esa mujer se está muriendo por ti. Se le ve, chico.
Mujiquita.—Fue así, de pronto, hermano. (Con desconfianza) ¿No me estarás engañando?
Sherlock.-- ¿yo? Estoy cumpliendo mi contrato. Tú me dijiste que dijera todo al revés.
Mujiquita.—Entonces, ¿la mujer no me quiere?.
Sherlock.—Ni sabe que tú existes, chico.
Mujiquita.—Entonces estoy como un rolo, porque si tú lo dices todo al revés…
Sherlock.—Claro… Esa mujer se consigue…
(Mujiquita lo mira desconcertado).
Mujiquita (va saliendo).—Pero ¿qué hubo por fin?
Sherlock.—Mira, Mujiquita, estás más preguntón que el doctor López de Ceballos. Con mujer y toro pá la cara. Raspa que se vá el musiú (salen)
Chang.—Esta es la Ceiba. Esta es la esquina de San Francisco.

(Entran los viajeros y sus acompañantes)


ESCENA II

(Chang pone en el centro un porrón con una mata)

Morrocobrero.—Bueno, ya están ustedes en Caracas. Eta es la Universidad. Ese es el Congreso.
Joan (Señalando un tipo que duerme).-- ¿Y ese?
Morrocobrero.—Ese es un senador. Está trabajando.
Joan.-- ¡Ah!, yo quiero conocerlo.
Morrocobrero.—Bueno, si no está muy ocupado, se lo presentaré (Se acerca al Senador y lo llama) ¡Doctor! (más alto) Doctor (gritando) ¡¡Doctor!! (Grita cada vez más y el hombre no se despierta)
Joan.-- ¡Oh! ¡Está ocupadísimo!
Morrocobrero.—Ya verá cómo se desocupa. (Va al durmiente y le habla en voz muy baja). ¿Nos echamos un palito? (El durmiente da un salto).
Durmiente.—No estaría mal.
Joan (a Sherlock).—Dígame, ese señor Mujiquita que anda con nosotros, ¿quién es?
Sherlock.-- ¡Oh, ese es un gran personaje, un intelectual. Viene siendo primo segundo de Bolívar.
Joan.—Eso no interesa.
Sherlock.—Pero es que se trata del Presidente del Gran Congreso de Periodistas Interamericanos, Gerente de la Casa Madre y Superintendente del Bacincín Padre. Actualmente es Cónsul General de Sumatra.
Morrocobrero.—La Sutra.
Sherlock.—Gran Cruz de Palo Grande, Gan Chapa del Morrocoy Azul.
Joan.—Eso no me interesa.
Sherlock.—También es pariente de Héctor Briceño.
Joan.-- ¿Ah! ¿es pariente de Héctor? Entonces, this is a package.
Sherlock.-- ¿Cómo dice?
Joan.—Que es un paquete. (Se separa de Sherlock y se acerca a Morrocobrero).—Dígame, ese señor Mujiquita ¿quién es?
Morrocobrero.—Ese es hijo natural de Rómulo Gallegos y Libertad Lamarque.
Joan.—Se le ve
Morrocobrero.-- ¿Lamarque de fabrique?
Joan.—Pero bien, ¿qué clase de persona es?.
Morrocobrero.—Mire, señorita, ese es un bembe e perro.
Joan.-- ¿Cómo?
Morrocobrero.—Bueno, para que comprenda, ese es una abeja.
Joan.-- ¿Una abeja?.
Morrocobrero.—Sí… Come miel.
Joan.-- ¡Ah!, ya comprendo. Pero el señor Morrow dice que es un hombre muy importante.
Morrocobrero.—Es que el señor Morrow está sometido a la misma dieta.
Sherlock (a Morrockfeller).-- ¿A qué le huele?
Morroockfeller.—Caramba…
Morrocobrero.-- ¿Qué pasa?
Morrockfeller.—Este olorcito.
Morrocobrero.—Eso es nada. Deje que lleguemos al Guaire.
Morrockfeller.-- ¡Oro! ¡Huele a oro!
Sherlock.—Pero, dígame una cosa: ¿a qué huele el oro?
Morrockfeller.—A plata. Usted cambia una morocota y el olor no cambia.
Sherlock.—Pero ¿es un olor que se huele y no se huele?
Morrockfeller.—Precisamente.
Sherlock.-- ¿Como de un oro que se entrega y no se entrega?
Morrockfeller.—Más o menos.
Sherlock.—Entonces, está muy claro. Ese es el Banco Venezolano de Crédito. Y adentro está el señor Pérez Dupuy. El Banco Central le dice al señor Pérez Dupuy: ¡Venga el oro! Y el señor Pérez Dupuy contesta: Huélalo. Pero no lo entrega.
Morrockfeller.-- ¿Oro en barras?
Sherlock.—A veces embarra. Pero de un millón para arriba, él mismo limpia lo que embarra. Y no queda sino el olorcito.
Mujiquita.—Bueno, ahora voy a tener el honor de introducirles algunas personas importantes de esta capital. El señor Lucas Manzano (un catire) periodista; el señor Eleazar Sananes, torero (un negrito). El Dr. García Álvarez (un largo). El pintor Egea (un chiquito).

(Atraviesa la escena un tipo corriendo y vuelve a atravesarla en la misma forma)

Miss Kakatúa.-- ¿Y ese tan simpático, quién es?
Mujiquita.-- ¿No comprende que estamos en la esquina de San Francisco? Ese es un corredor.
Miss Kakatúa.-- ¿Un corredor de caballos?
Mujiquita.—No, señora, un corredor de Bolsa.
Miss Kakatúa.—Ya me había parecido. Yo quiero conocerlo.
Mujiquita (asomándose a bastidores, grita).-- ¡Ah, Monengue! (Entra Monengue corriendo)
--La señora quiere que le corras algo.
Monengue.—Para usted tengo, un brillante de corrida. Lo llaman el brillante de Bórox. Por diez mil bolívares y el cincuenta por ciento de lo que produzca la corrida, es suyo. Ahora, si quiere algo más modesto.
Miss Kakatúa.-- ¡Ah, Monengue, huele a oro!.
Monengue.-- ¿Quiere algo de oro, nada más? Tengo algunas cosas de oro del Callao.
Miss Kakatúa.-- ¡Oh, el Callao es histórico!
Monengue.-- ¿El Callao Histórico? Se agotó, señora, pero yo le puedo conseguir un ejemplar con el autor. Bueno, pues, si quiere una prendecita, aquí tiene el anillo de compromiso de María Pachini, Costó dos mil bolívares de contado. Se lo doy por doscientos al brinco. ¡Un jamón, señora!.
Miss Kakatúa.--¿Y por qué tan caro, si es de oro nada más?.
Monengue.--¡Ah, señora, pero es que es oro machihembrado, y eso no se consigue así nomás!.
Miss Kakatúa.—Pero ¡qué simpático es Monengue! ¿Y quién es el mejor corredor?
Monengue.—El que corre más es el Venado Estevés. Pero el que llega primero es el Coronel Murillo.
Morrockfeller.—Señor Monengue, usted que sabe tanto de eso. ¿puede decirme de dónde viene el olor a oro?
Monengue.--¿Quién sabe? Donde se están poniendo las casas muy caras es por el Silencio. Por allí se siente un olor a ello, pero no le garantizo que sea oro legítimo; a lo mejor es enchapado.
Morrocobrero.—Puede ser un enchapado de oro con pescao frito.
Morrockfeller.—Muchas gracias, señor Monengue. Al Silencio tenemos que ir, a ver qué pescamos.
Morrocobrero.—Con tal que no pesquemos tres cruces…
Joan Crawford (quien se había ido, vuelve a entrar).--¡Oh, acabo de presenciar una escena conmovedora!.
Morrockfeller.--¿A ver?
Joan .—¡He visto un tranvía! Venía despacito, despacito… ¡Se oían los ladridos de los perros, los suspiros del motorista, los bostezos del colector! Y era una sola sombra larga, y era una sola sombra larga. El tranvía extendía sus manos como un ciego: ¡por dónde coy, señores, por dónde voy!. Las gentes le decían: levántate y anda; y él se levantó, pero no anduvo. Todos le dieron una locha, bajaron y anduvieron, anduvieron, despacito, despacito; y él venía atrás, diciéndoles: ¡Espéradme! Despacio se va lejos. Quise subirme a él, pero tuve miedo de amar con locura, de abrir mis heridas que suelen sangrar y no obstante toda mi sed de ternura, cerrando los ojos, lo dejé pasar… ¡Y todavía no ha pasado…!(solloza); (salen todos cabizbajos).
Morrocobrero (a Sherlock).- Mire, Mister, antes de irnos al Silencio, voy a decirle una cosa: ¿Con eso del olor a oro, no nos estará esa gente mamando el gallo?
Sherlock.--¿Mamando el gallo? Y el oro… Un momento. El oro y el gallo… Por si acaso, démelo un telefonazo a Farser Ramia para que pele el ojo, por si esta gente nos quiere mamar el gallo de oro.

(Salen).


ESCENA III

Chang (haciendo la señal de silencio) .—Este es el Silencio.
(Entran Mujiquita, Joan, Morrockfeller, Sherlock, Morrocobrero y Miss Kakatúa).

Mujer (saliendo contoneándose por el otro lado).-- ¿Qué hay Mujiquita? Estás de lo más perdido.
Joan (a Mujiquita).-- ¿Quién es?
Mujiquita.—Una amiguita de la infncia. (La presenta).
Mujer.—Joan Crawford, nada menos…
Joan.—Bueno. Entonces yo seré Isabel la Católica.
Morrockfeller.—Caramba. Es verdad que aquí también huele a oro.
Sherlock.—Es que el Silencio es de oro… Aquí será construido un barrio modelo… Usted ve allá, donde está aquella jovencita en chinelas, pues allí se levantará una casa de cuatro pisos. Bibliotecas, parques infantiles, rincones adorables para el reposo del espíritu…
Miss Kakatúa.--¿Y construirán todos los rincones?.
Morrocobrero.—No, señorita. Quedarán algunos rincones sin construir…
Joan.--¿Cuáles?
Morrocobrero.—Los González Rincones. No hay quien los reconstruya.
Morrockfeller.--¿De manera que este va a ser un barrio obrero?
Mujiquita.—sí.
Joan.--¿Y los campesinos no tienen barrios?
Morrocobrero.—Los de Guárico tienen a Barrios Cruz, los de Portuguesa a Gonzalo Barrios y los del Zulia al Gordo Quintero que es un barrio residencial. Pero nosotros aquí nos conformamos con Máximo Barrios, ¿qué vamos a hacer?.
Mujiquita )a Joan).-- ¿Usted no conoce al doctor Máximo Barrios, de la corte Federal?
Joan.—No.
Mujiquita.—Yo le compuse un tango que dice así:
Viejo barrio,
Perdona si al evocarte se me pinta un lagrimón,
Que al rodar en tu empedrao…
Joan.--¡Qué lindo!
Sherlock.—Bueno, las compañías petroleras han hecho y siguen haciendo barrios. Casitas muy cómodas, con zinc.
Morrockfeller.—Oh, con Zingg.
Sherlock.—Con zinc.
Morrockfeller.—Con Zingg
Morrocobrero.—La de aquí tiene cinco pisos y es con Zingg, pero las que yo vi en Caripito, eran de bajareque y gracias…
Mujiquita (castigador, a Joan).—El Silencio es más elocuente que las palabras.
Joan (derretida).--¿De veras?.
Mujiquita.—Sí… Silencio en el Instituto de Inmigración y Colonización, silencio en la noche, silencio en las almas. El amor en el Silencio es el verdadero amor.
Joan.--¡Qué romántico!
Mujiquita.—Silencio que está dormido… el ángel de mis amores.
Joan.--¡Oh, Mujica!, pequeño Mujica
Mujiquita.—Sí, Mujiquita.
Joan.-- ¿Es así como tú amas?
Mujiquita.--¡Sí, amor mío! En el Silencio. El que ama en el silencio sufre mucho.
Morrocobrero.-- ¿Qué si sufre? Un rato largo.
Morrockfeller (olfateando y saliendo).—Por ahí huele…
Miss Kakatúa (también saliendo).-- ¿A oro?
Morrocobrero (saliendo con ellos).—A oro nó. A lo que huele es a pachuli dorsé y a origán de cují.
(Mujiquita y Joan se alejan por el otro lado cuchicheando. Sherlock llama a Mujiquita).
Sherlock.—Oye… Con el permiso… La cosa como que va bien…
Mujiquita.—No mucho
Sherlock.-- ¿No mucho? Como que le estás sacando el cuerpo a los cuarenta mil bolos…
Mujiquita.—No viejo, ¿cómo va a ser? Primero la muerte que dejar de pagarte esos cuarenta mil francos…
Sherlock.-- ¿Francos? ¡Franco! ¡Franco! ¡Franco! Arriba España… Ya lo sabes… si me abandonas te mato…

(Sale tras de Mujiquita).


ESCENA IV

(La escena está en penumbra. Chang se adelanta sigilosamente)

Chang.—Esta es la esquina del Muerto…
Mujiquita (entrando con Morrocobrero y Joan).—Pero yo no veo ningún difunto.
Morrocobrero (con voz tenebrosa).—Los muertos no se ven, hermano. Se huelen, se presienten, se escuchan en la sombra…
Mujiquita.—No juegue, vale, ¡esos son cuentos de camino!
Morrocobrero (con la misma voz).—Una noche, hermano, iba yo atravesando un río más allá de Tumeremo. Era una noche negra como el corazón de un fascista. Soplaba el viento y parecía que volaban fantasmas: ¡fiiiiio! ¡fiiiio! Cantaba la pavita en una mata de eucaliptus larga, larga, larga, como un discurso del doctor Angulo Ariza. Sonaban unas cadenas que arrastraba un alma invisible; pracatán, pracatán…
Joan.--¡Uy, qué miedo! (se arrima a Mujiquita)
Morrocobrero.—En el cerro se prendía y se apagaba una licesita. Allá lejote ladraba un perro con un ladrido feo de muchachito agonizando. Las venas se nos helaban de espanto cuando…
 Mujiquita (tembloroso).-- ¿Cuándo qué?
Morrocobrero.—Cuando oímos una voz ronca que salía de las aguas del río y gritaba con desesperación: “¡Yo soy un alma en pena…!”
(Mujiquita ha ido retrocediendo hacia un lado de la escena, perseguido por la voz y los gestos de Morrocobrero. En ese momento está cerca de la cortina y le cae encima un muerto envuelto en una sábana blanca).
Mujiquita.—¡Ayyyyy! (cayendo de rodillas). ¡Sálvame de este trance, San Esculapio! ¡Agnus Dei quitolis pecata mundi!
El muerto (cantando).—¡Miserere nobis!
(Mujiquita solloza de rodillas junto al muerto. Joan se cubre el rostro con las manos. Morrocobrero corre hasta el otro lado de la escena)
Morrocobrero (gritando).-- ¡Socorro! ¡Policía! ¡Que vena Gorrochotegui! ¡Que venga la Wilson!
(Entran a escena Sherlock Morrow, Morrockfeller, Miss Kakatúa, Anésimo Onato y periodistas).
Sherlock (a Morrockfeller).—Aquí hay un muerto, amigo.
Morrockfeller.--¿Y cómo lo sabe usted?
Sherlock.—Porque acabo de tropezar al Bollito Casado vestido de negro. Y cuando usted vea al Bollito Casado vestido de negro, velorio seguro, con chocolate y brandy…
(Sherlock se posesiona del centro de la escena, le toma el pulso al muerto y exclama: ¡Eres un Cream Sicle, viejito!)
Sherlock (ordenando).—Que no salga nadie. Voy a interrogar a los testigos (a Annésimo Onato, que ha entrado con ellos). ¿Cómo se lama usted?
Anésimo Onato.—La gente me llama Anésimo Onato. Pero la verdad, aquí entre nos, es que yo no soy Anésimo Onato. Yo soy Madame Pompadour.
Sherlock (inmutable).-- ¿Usted vio cuándo mataron a este hombre?
Anésimo.—No. Pero eso no tiene ninguna importancia. En cambio he visto cosas fantásticas en este país. He visto, por ejemplo, al doctor Arcaya en traje de baño. Estaba igualito a Shirley Temple.
Sherlock.—Yo lo que quiero que usted me diga es quién es el muerto.
Anésimo.—Chango pretende que ese muerto es la esquina del Muerto. Pero yo tengo el presentimiento de que ese muerto es el Programa de Febrero…
Sherlock (a Mujiquita).—Dígame usted, que parece un poco menos loco, ¿cómo llegó aquí ese muerto?
Mujiquita.—A mí me parece que en paracaídas.
(Sherlock se acerca con una lupa para examinar al muerto. Le pone la lupa en los pies y exclama):
Sherlock.—¡Cómo que es el Patón Carrasquel!
(Sherlock le registra los bolsillos al muerto y va sacando cosas: una bomba de bicicleta, un despertador y dos ceniceros)
Sherlock.—Ahora me parece más bien Isaac Poletto.
Morrocobrero.-- ¡Qué va, hombre!. Morrocobrero está en galería. Míralo allá.
(El muerto estira un brazo y le pellizca una pierna a Miss Kakatúa).
Miss Kakatúa (brincando).-- ¡Ay, my mother! Este muerto está vivo. ¡Socorro, Mister Morrow!
Morrocobrero.—Ese muerto no está vivo, señora. Es que usted no sae cómo son los muertos de aquí. Yo he visto mucho muerto cargando basura, y si un muerto carga basura, nada de particular tiene que la pellizque de vez en cuando…
Miss Kakatúa.--¡Grosero!
Sherlock (tomándole el pulso al muerto).—Sus débiles pulsaciones indican que ya la Parca impía se posesionó de su alma. Está más muerto que Eustoquio Gómez.
Joan.-- ¿Pero quién lo mató?
Sherlock.-- ¿A Eustoquio? ¡Ay, señorita! Nadie lo sabe en este país. A lo mejor se murió de peritonitis…
Joan.-- Pero a este muerto, ¿quién lo mató?
Sherlock (se pasea por la escena mientras habla, meditando y fumando su pipa). Este muerto está muerto. Y si está muerto no respira. Y un piano tampoco respira. Y qui va piano va lontano. Y lontano es una palabra italiana. Y los italianos se ponen los patines. Y los patines son vehículos. Y los inspectores de vehículos son buenmocísimos. Y el doctor Mejías también es buenmozo. Y el doctor Mejías tuvo varios cambures. Y el cambur es una fruta. Y la lechoza es otra fruta. Y la lechoza es una fruta cara. Cara… Lechoza. Ya está: Cara de Lechoza. (Con suficiencia) Cara de Lechoza. Lo mató Rafael María Velazco.
Velazco (gritando desde el público).-- ¡Mentira! ¡Yo no lo maté! ¿Yo estoy en el Canadá!
(Velazco intenta subir al escenario)
Morrocobrero.—Corran que viene el Sapo…
(Todos abandonan la escena menosChang y el muerto)
(Sube Velasco)
Velazco (al muerto).-- ¿Verdad que yo no fui, hijo mío?
El muerto.—No fue usted. Pero por si acaso se arrepiente…
(El muerto sale disparado. Velasco se va tras él).


ESCENA V

(Decoración de Bar. Los personajes aparecen en sus mesas. Hay micrófonos)

Chang.—Este es un Bar. Como no hay mucho espacio, es un Bar chiquito. Un Barbarito.
Speaker (de espaldas al público).—Respetable público: Esta noche hemos sido honrados…
Chang (tocándole en el hombro).—Para allá.
Speaker (encogiéndose de hombros).—Esta noche hemos sido honrados…
Chang.—(vuelve a tocarle).—Para allá… El público está allá.
Speaker.—Yo estoy hablando para mis amigos del aire. Yo soy Fernando Paz Castillo.
Chang.—Todos esos señores son amigos del aire. Los únicos enemigos del aire son los muertos.
Speaker (al público).—Esta noche hemos sido honrados…
Morrocobrero.—Bueno, viejo, ya lo has dicho tres veces. ¡Caray, esta gente por una noche que han sido honrados, forman un propagandón!.
Speaker.—Entonces, se acabó el aguaje. (Gritando) ¡En esta esquina, Mister Morrockfeller, norteamericano, ciento cincuenta y cuatro libras… y media! En esta otra esquina, ¡Señorita Joan Crawford “La Polla del Palmito”, ciento veinticuatro libras… y sin medias!. Bueno, señores, en honor de nuestros ilustres visitantes, vamos a presentar algunos números típicamente venezolanos. Ante todo, se presentará el distinguido publicista señor Gornés Macpherson, quien nos va a leer diez y siete capítulos de su obra “La Historia del Tabaco de Mister Churchill”. Tiene la palabra el señor Gornés Macpherson. (Gornés va al micrófono, pero una señora de voz ronca y aspecto feroz, le aparta bruscamente y le sonríe amable. La acompaña un negro).
Señora.—Las damas primero.
Joan.—(a Sherlock).-- ¿Quién es esa?
Sherlock.—Doña Bárbara. Ella dice que canta claro, pero canta más claro de lo que parece.
Joan.-- ¿Ay mi madre, pobre negro!.
Señora (dirígese a Morrockfeller):
¡En un cuartito los dos,
veneno que tú me dieras,
veneno tomaba yo!
No te deseo más castigo:
que estés durmiendo con otro
y estés soñando conmigo.

(Deja el micrófono y le pasa a Morrockfeller , coqueta).
¡Ay mister Danger! ¡Quién fuera mecanógrafa!
¡En un cuartito los dos,
veneno que tú me dieras,
veneno tomaba yo!

Morrocobrero.—Bríndele, Mister, que esa es peligrosa. Y dígame: ¿Le huele a oro?
Morrockfeller.—Mitá y mitá.
(Miss Kakatúa se entusiasma, se contonea y se dirige a Morrocobrero)
Miss Kakatúa
Desde que lo vi lo quise.
¿Y usté qué dice?


Morrocobrero
Desde que la vi venir
la conocí en el apero,
gallo de tan poca pluma
no canta en mi gallinero.

Speacker.—Bueno, ahora va a hablar el Sr. Gornés Macpherson.
(Gornés vuelve al micrófono. Lo aparta Sherlock)
Sherlock.—Primero los mayores de edad. Va a cantar Fernando de la Concha.
De la Concha.—Voy a cantar una canción francesa, dedicada al Morrocoy Azul, primo mío por parte de la concha.
Morrocuá morrocuá,
je te vuá, je te vuá,
ya yo sé quién eres tuá.

Tout le monde está con tuá.
Tu man le coq (eso quiere decir “Tú mamas gallo”)
Je mam l’urban (que yo mamo en el Aseo Urbano).

Mon cousin,
mon parán,
Morrecofin.
Miki Máu.
Je se bian quien eres tuá,
Ye te donne mon abrás,
Pou Michel
E Andrés Eluá
¡Morrocuá, Morrocuá…!


Speacker.—Ahora tiene la palabra el Sr. Gornés Macpherspn. (Lo apartan)
Chang.—Un momento. Primero las jóvenes.
Speaker.—Mientras se prepara el Sr. Gornés, la señorita va a cantar una canción flamenca, “La Piconera”. Ustedes conocen muy bien “La Piconera”. No hay un Ministerio donde no haya una.
Señorita
Ya comenzó la fiesta
Presupuestera
y ha abierto sus agallas
la piconera.

La piconera, madre y el piconero,
con sus ojos puyudos como el lucero.

¡Tesorería,
viva tu pare!
aclarando pasaron
los Olivares.

En el Congreso, sí, sí,
en el partido no, no.
El cambur que ninguno ha tenido,
lo tengo yo.

Mi Picón Febres.
Parra Picón,
por tu culpa culpita no tiene
ni un camburcito
mi corazón.

Faja repleta carga
mi piconero
y una guitarra grande
de paño negro
y en el sombrero, una cinta que dice:
--Presupuestero.

¡Contraloría
viva tu mare!
aclarando pasaron
los Olivares!.

En el Congreso sí, sí
en el partido no, no
el cambur que ninguno ha tenido
lo tengo yo.

Mi Picón Febres,
Parra Picón,
por tu culpa culpita no tiene
ni un camburcito
mi corazón.


Speaker.—Tiene la palabra el Sr. Gornés Macpherson.
Morrocobrero.—Un momentico. ¡La poesía antes que todo!. Voy a recitarles La Renuncia. Dedicada a la Primavera, por el poeta Adolfo Hitler. Está acabadita de llegar. Me la dio uno de mis hermanos. Gathmann Hermanos.

He renunciado a ti. No era posible;
fueron vapores de cervecería,
son ficciones que a veces le dan al sumergible
cierta esperanza de refinería.

Yo me quedé mirando cómo el Volga se iba
poniendo encinta de la estrella,
lancé mis divisiones hacia ella
y supe que la estrella estaba arriba.
He renunciado a ti, nazistamente,
como  tuvo que hacerlo Juan Vicente,
he renunciado a ti, como Caracas,
que ha renunciado al agua y a las cloacas,
como el que ve partir las caraotas
con rumbo hacia imposibles y ansiados continentes,
como el pollo que siente sus entretelas rotas
cuando ve a Guillermo Austria que le enseña los dientes.
Como el avión que renunció a Inglaterra,
como  el Bismarck que renunció a los faros
y mis soldados a ganar la guerra
y Mussolini a los patines caros.

He renunciado a ti, como Tejera,
como el Doctor Castelli a la cartera,
como esos falangistas singulares,
con las manos vienesas y las tripas vacías,
que comen misas vascas y Carmonas Nenclares
en los escaparates de las pastelerías.

He renunciado a ti, pues mientras viva,
iré perdiendo un poco de lo que antes tuviera,
y al final, ¿con qué fuerzas iré a la defensiva
en mi ofensiva de la Primavera?

Yo voy hacia mi propio Berlín. Como el Poeta,
cuando renuncie a todo, me suicido o me entrego;
desbaratando planes, me cogerá el planeta;
mi ofensiva es el viaje del que se va a San Diego…


Speaker.—El Sr. Gornés Macpherson ha manifestado que como siente la garganta un poco cansada, no va a leer los diez y siete capítulos, sino el Capítulo Séptimo nada más.
Mujiquita (a Joan).—En ese Capítulo he colaborado yo.
Joan (suspirando).-- ¡Ay, mi escritor!.
Morrocobrero.—Escritor no. Suscritor.
(Gornés se acerca; lo apartan)
Speaker.—La señorita cantará Anda tú y guindas el pavo.
Señorita.—
En nuestras guerras ceviles,
un caudillo liberal,
con círculo y sin doctrina,
¿en dónde vino a parar?
En un corral de gallinas,
¿y qué es lo que allí encontró?
Con una pavita fina
que a un gallo le hacía el amor.

Saltó la tapia er caudillo
con muchísimo talento
cuando se fue a dá cuenta,
en un saco estaba adentro.

A los dos arrestó
a los dos reclutó
y llamando a su caudilla,
de esta manera le habló:
--Anda tú y guindas al pavo,
anda tú y guindas al pavo,
que yo guindaré a la pava,
con mecate, cortina y clavo,
que yo guindaré a la pava
con mecate, cortina y clavo.

Estaba er pavo corgao,
la pava en er corgado
y llegó er mes de febrero,
verá usté lo que pasó.
Entró un pollo sanjuanero.
¿Jesú, qué cara, chavó!
se  echó er mechón a la cara
y de esta manera habló:
--A ver dónde está mi pavo,
a ver dónde está mi pava,
porque tiene mucha guasa
que usté me corte las alas.

A los dos los cogió
a los dos los arreó
y er caudillo a la caudilla
de esta manera le habló:
--Échale flores al pavo,
échale flores al pavo,
que yo le écharé a la pava
azúcar, canela y clavo,
que yo le écharé a la pava
azuquita, canela y clavo…


Speaker.—El señor Gornés Macpherson se encuentra ya completamente afónico. Mientras oirán música típica. (La orquesta. Morrocobrero se entusiasma).
Morrocobrero (a Joan).—Usté dirá, señorita. ¿Quiere que la valsée, que la merenguée, que la barloventée o que la joropée. Ahora, si no le gusta lo popular y prefiere algo clásico y fino, dígalo con confianza, para que vea cómo la populemean.
Joan.—¡Lo típico, lo típico! (Música).
(Después de la música se levanta Saavedra)
Chang.—Este no es Sherlock Morrow. Este es Saavedra.
(Saavedra en cuentos de su repertorio)
Joan (a Mujiquita) ¡Me siento muy feliz!
Mujiquita.-- ¿Quiere tomar un poco de aire en los jardines?
Joan.—Bueno. (Se levantan y salen. Todos les miran).
Saavedra.—Ahora vamos a dar al público una buena noticia. El Morrocoy Azul va a proceder a otorgar, entre los que han tenido la amabilidad de venir a celebrar su cumpleaños, algunos premios mediante concurso. ¡Estén atentos!
Premio Lucido Quelonio: A la persona que tenga cuello de celuloide, se le darán cien bolívares. Puede pasar por aquí la persona, pero con el cuello puesto.
Premio Morrecofín: Este premio va a poner de pie a todo el mundo. A la persona que tenga un morrocoy debajo de su asiento, se le darán cien bolívares. Procedan a ver quién tiene un morrocoy debajo del asiento.
Premio Morrocuá Descartes: Al que se llame José Encarnación y no sea de la cordillera, esto es, que no se Serrano. Que traiga su Cédula.
Premio Morrocobrero: Al que presente su boleta de inscripción en el Partido Laborista, se le darán 500 bolívares.
Premio Cero-Tres: A la señora o señorita que compruebe tener un lunar en el tercer espacio intercostal izquierdo. Si les da pena, pueden cambiarlo por una cicatriz de apendicitis.
Premio Mickey: Al que haya votado por Diógenes Escalante en el Congreso. Mil bolívares de premio.
Premio Anésimo Onato: Cien bolívares al que tenga la oreja fría.
(Mujiquita entra y se sienta)
Morrockfeller.--¿Dónde está Joan?
Mujiquita.—Yo no sé
Morrockfeller.—Pero usted salió con ella.
Mujiquita.—Pero me dejó diciéndome que ya volvía y se metió en un cuartito que decía “Caballeros”.
Morrockfeller.--¡Oh, eso no me cuela. Señor Morrow, señor Morrow!
Saavedra.—Un momento; ahora no soy el señor Morrow. Ahora soy el señor Don Antonio Saavedra, mayor de edad y de este domicilio.
Morrockfeller.—Bueno, cuando usted sea otra vez el señor Morrow, dígale que la señorita Crawford desapareció.
(Conmoción. Todos se ponen de pie)
Saavedra.--¿Cómo? (a Chang). Mira, chico, hazme el favor de cambiarme.
Chang.—Este es Sherlock Morrow.
Sherlock.—Gracias, chico. Caray, yo no sé cómo se puede ser Antonio Saavedra cinco minutos sin morirse de hambre. Todavía me acuerdo de Saavedra y me dan ganas de llorar. Bueno, ¿cómo es eso?
Morrockfeller.—Joan ha desaparecido.
Sherlock.—A lo mejor está con Saavedra, que acaba de desaparecer.
Miss Kakatúa.—¡Se ha cometido un crimen! ¡Hay que buscarla, señor Morrow!
Sherlock.—A los dos. A Saavedra también.
Salen todos. El Sr Gornés mira a todos lados y va sigilosamente al micrófono)
Gornés.—Capítulo Séptimo…
(Suena un gong estruendoso, Gornés corre y baja el telón).


ESCENA VI

Chang (adelantándose con el brazo en alto).—Esta es la esquina de Pepe Alemán.
(Por un lado entran 4 señores con una mesa y 4 sillas y se sientan alrededor de la mesa. Son: el alemán, el italiano, el japonés y el falangista español, convenientemente trajeados. Por el otro entran Morrockfeller, Miss Kakatúa, Morrocobrero, Mujiquita t Sherlock Morrow).
Morrockfeller.-- ¿Pepe Alemán? Y ustedes por qué no le han cambiado el nombre a esta esquina. Pueden ponerle Pepe Inglés, Pepe Yanqui o Pepe Ruso…
Morrocobrero.—Bueno, mister, la pondremos Pepe Culio.
(Los personajes de la mesa, menos el italiano, se levantan a saludar a los recién llegados.
Alemán.—¡Buegnas nogches, señogrres! ¡Heil Hitler!
Japonés.-- ¡Ojo pelado, marakas lokas! ¡Hirohito pa la cara!.
Español.-- ¡Bendita sea la mare  de ustedes! ¡Franco, Franco, Franco! ¡Arriba España!.
Italiano.—(desde su asiento).—Buona será, amicos Fachete cómodo ostro. ¡Vive Il Duce!.
Miss Kakatúa.—Pero aquí no huele a oro. Aquí a lo que huele es a quinta columna.
Mujiquita.-- ¿Y a qué huele la quinta columna?
Morrocobrero.—A Guayuco de monito, seguramente.
Morrockfeller (a Sherlock) .—Usted tiene que encontrar a Joan, señor detective. Yo tengo una terrible responsabilidad en este asunto. Su mamá me la encomendó y me dijo: “¡Mucho cuidado, Morrockfeller! Venezuela es un país salvaje donde ponen a los pobres animalitos a jugar besbol: el Chivo Capote, el Gatico Hernández, el Pollo Malpica… Usted sabe también, Morrockfeller, que los indios brasileños de Venezuela son caníbales y cantan unos tangos tremendos donde matan a las mujeres y las llaman baabas… Cuídeme a la muchacha. No deje que ni se le acerque Gonzalo Gómez”. Y ya usted vé se nos perdió Joan. Hay que encontrarla, señor detective, hay que encontrarla…
Sherlock (fanfarrón).—No se preocupe, mister. Esa mujer la encuentro yo aunque tenga que irla a sacar de la Hacienda Mopia…
Morrocobrero.—¡Cónfiro, qué guapo!
Morrockfeller.—Además, yo no vine a Venezuela a perder a Joan Crawford sino a averiguar si era verdad que este país huele a oro. En Nueva York me discutían que olía a petróleo. Por cierto que pensamos hacer un gran embarque en esta semana…
Alemán (al italiano).—Apunta, Giussepe; Embarque de petróleo en esta semana. Avisarlo a Martinica (Giussepe apunta)
Morrocobrero.—(al italiano) ¿Qué miriñaque está escribiendo usted ahí?
Italiano.—Es la cuenta de la mía pulpería, caro amico. Veintichincue centavo de macaroni, due riali di queso parmesano…
Morrockfeller.—( a Sherlock) Y es necesario construir un aeródromo en Chichiriviche…
Japonés (al italiano).—Aeródromo en Chichiriviche. Apunta Giussepe. (Giussepe apunta)
Morrocobrero (al italiano) Ni me digas lo que estás escribiendo. La cuenta de la túa pulpería. Chincue centavo de Chichiriviche y una lochi de aerodromi.
Morrockfeller (a Sjerlock).-- ¿Y por qué viene usted a buscar a Joan a la esquina de Pepe Alemán?
Sherlock.—Es que en esta parroquia de San Juan se ha perdido mucha muchacha, mister. Por aquí hay el garfaro en fruto…
Miss Kakatúa.-- ¿Y qué significa garfaro?
Morrocobrero.--¿Cómo le diré? GArfaro es un tipo que siempre arranca la macoya.
Miss Kakatúa.--¡Oh, qué bueno! Deben ser sabrosísimos.
Morrockfeller.—Pero a mí no me gusta la esquina de Pepe Alemán (señala a los extranjeros).
Mujiquita.—Pues si no le gusta, mister, hay otras. Mire, por aquí queda La Cochera, por aquí El Pescador, y por allá San Francisquito y El Aguacate… Tiene dónde escoger.
Morrocobrero.—Por favor, mister, no vaya a escoger El Aguacate que a los musiús esa fruta les da pulmonía. Yo le voy a decir en secreto lo que le conviene.
Falangista español (acercándose).—¡Con lo que me gusta a mí un secreto, resalao! Voy a escuchá lo que dice este asaúra pa contáselo a la hispanidá…
(Sherlock en lo que ve que se le acerca el falangista se prepara con una muleta imaginaria, le da tres naturales, dos de pecho, se perfila corto, entra a matar y grita: ¡Vengan las mulas!.
Miss Kakatúa.--¡Bravo Sherlock! ¡Olé tu gracia!.
Alemán (a sus compañeros) Ha llegado la hora de aplicarles el nuevo orden (saca un garrote) y la ofensiva de primavera (saca un cuchillo) a estos extranjeros. Aquí no hay más venezolanos que nosotros. Heil Hitler ¡Duro con ellos!.
(El alemán, el japonés y el español se acercan amenazantes con tres garrotes. El italiano permanece sentado Los demás retroceden. Mijiquita tembloroso llega primero a la salida, se asoma entre bastidores y grita).
Mujiquita.-- ¡Adiós cará! ¡Ahí viene Timoshenko!
Alemán (bajando la vara) Que viene Timoshenko por la esquina de Jesús.
(El alemán emprende la retirada y sale volteando hacia atrás. El japonés le sigue dando saltitos. El falangista se escabulle a gatas. El italiano se levanta con unos patines puestos y da varias vueltas en la escena, patinando con el brazo en alto y saliendo por donde salieron los otros).
Sherlock (llevándose la mano a los ojos para verlos huir).-- ¡Todo se desarrollo según los planes previstos por el Estado Mayor!
Miss Kakatúa (a Mujiquita).-- ¿Pero, dónde está Timoshenko?.
Timoshenko (entrando), (con acento maracucho).—Ese soy yo, primita, Tomoshenko Nabucodonosor Valbuena de Maracaibo. Para servir a vos. Estáis fresca, cuñada…
(Salen conversando).


ESCENA VII

(Chang saca una mesa , la coloca en el centro de la escena y le monta encima un caucho de automóvil, una camarita, un florero con calcetines colgando, un par de alpargatas con un lazo azul y un vaso de noche con crisantemos).
Chang.—Este es el local del Grupo Viernes.
Sherlock (entrando con Morrocobrero, Morrockfeller, Mujiquita y miss Kakatúa).—Aquí tenemos que buscarla primero que en ninguna parte. Estos poetas son capaces de todo.
Mujiquita.—Pues yo no estoy de acuerdo. Yo conozco a Vicente Garbasi desde que estábamos en la escuela y me parece muy buen muchacho. Era muy distraído, pero muy buen muchacho, por lo menos hasta que lo bitaron del colegio…
Morrocobrero.-- ¿Y por qué lo botaron?
Mujiquita.—Guá, porque se metió bajo el pupitre y le improvisó unos versos a la profesora que decían así:
“¡Maestra! Se le está viendo la línea equinoccial
Y las magnolias crepusculares del pensamiento”.
Y, claro, lo botaron…
Morrockfeller.—Pero, ¿por qué sospecha usted de estos poetas, mister Morrow?
Sherlock.—Porque esta mañana leí unos versos de José Ramón Heredia en “El Universal” que decían así:
“Nadie se ha detenido a pensar en la ascensión de los rebaños blancos
Hasta más arriba del ecuador de los quesos  blindados”.
Morocobrero.--¡Acúñale! ¿Y eso qué significa?
Sherlock.—Pues puede significar muchas cosas: que Juan de Guruceaga perdió la cabeza, que Efraín González es chingo o que los poetas se raptaron a Joan Crawford. Y, por si acaso es esto último, hemos venido a comprobarlo.
(Por el lado opuesto de la escena entran tres poetas, vestidos al estilo subrealista, estrafalario. Avanzan lentamente hacia los visitantes).
Primer poeta.-- ¡Bienvenidos! Emisarios de los lagos y los cepillos de dientes.
¡Aleluya! Inspectores de las azucenas y de las vírgenes con tosferina…
Miss Kakatúa .-- ¿pero qué hombre tan sublime! ¿Y cómo se llama?
Chang (desde el fondo).—Otto de Sola.
Miss Kakatúa.--¡Otto mío! Me ha flechado…
Segundo poeta.-- ¡Salud! Golondrinas disparadas por la montaña.
Con un temblor de anémonas en las axilas…
(Morrocobrero se olfatea las axilas).
Sherlock (a Chang).-- ¿Y ese quién es?
Chang.—Manuel Rugeles
Morrocobrero.—Pero no se le ve el cambur.
Tercer poeta.—
Los recibiremos mascando chimó
en esta ensalada de cachumbambé,
mientras el graznido del curruñatá
suena los bongoses del zaquizamí…

Chang (sin que nadie le pegunte) Manuel Rodríguez Cárdenas
Morrocobrero.-- ¡Pero, qué blanco está!
Sherlock.—Bueno, amigos poetas, nosotros queremos saber si ustedes tiene aquí por casualidad una americana que se han raptado…
Otto.—Tnemos el corazón destilando tinieblas y mandolinas…
Miss Kakatúa.—Eso es falta de confianza, mi pichón…
Rugeles.—Yo la tengo guardada en mi corazón
con las siete llaves de las tardes convalecientes…
Sherlock.—Este como que es el hombre…
Rodríguez Cárdenas.—Vivimos la angustia de los tucusitos de celuloide…
Morrocobrero.-- ¡Bingo!
Morrockfeller (recitando).-- ¿Huele por fin a oro o a velámenes de lirios?
Mujiquita.-- ¿Dónde estás, amada mía, herida por rosas y cilicios
por cuchillos horizontales y congregaciones de arcángeles?
Sherlock.—¡Adiós, cará! La pusimos de oro. Nos estamos contagiando.
Morrocobrero.—Marchemos pá la cara del muerto a la Atarraya hospitalaria
en busca del torco y la fruta e burro de las noches paralíticas…
Miss Kakatúa (a Otto).—Mírame a los ojos, anémona desencadenada…
Otto (a Rugeles) ¡Esto se está poniendo feo, hermano!
Sherlock (angustiado, a sus compañeros).—Vámonos de aquí ligero que esto se pega y nos estamos contagiando. Yo siento en el pescuezo un racimo de violetas impregnadas de sandalias de peregrino…
(Van saliendo. Kakatúa y Morrocobrero salen últimos)
Miss Kakatúa (desde el foro, a Otto).-- ¡Adiós, verdugo de mis esmeraldas mustias! (sale)
Morrocobrero (a Rugeles).-- ¡Adiós amapola en calzoncillo de tirita! (sale)
(Chang queda solo en escena con los tres poetas. Y los va metiendo uno por uno en sus aparatos de desaparición. Los elimina a los tres a la vista del público, vuelve a cerrar el cajón y dice):
Chang.—¡Se acabó el Grupo Viernes!


ESCENA VIII

(Chang coloca un par de sillas en el centro de la escena, les pone encima una tabla, hace correr por encima un automovilito de cuerda y dice):
Chang.—Este es el Puente de Hierro. Este es Juan de la Calle (señalando a éste que entra)
Juan de la Calle.—Aquí vivo yo, para servirles.
(Por la derecha entran Morrocobrero, señalando el camino. Sherlock Morrow, Morrockfeller, Miss Kakatúa, Mujiquita).
Morrockbrero (a Sherlock) .—Pues bueno, ya que querían registrá también mi casa, aquí la tienen. (Señala el puente).
Miss Kakatúa.—Pero esto no es una casa. Aquí no puede vivir un ser humano.
Morrocobrero.—No podrá vivir un ser humano, pero en ese hueco vivimos Icotea y yo, Juan de la Calle, la señora Narcisa y sus tres muchachitos, la familia Verdolaga y cuatro inquilinos. Y en esa puerta hay un aviso que dice: “Se alquilan dos habitaciones. No se aceptan perros”.
Morrockfeler (olfateando).-- ¡Aquí huele, aquí huele!
Morrocobrero.-- ¡Aquí jiede es como se dice, Mister. Pero de eso no tenemos la culpa nosotros sino el Guaire. Pero no se preocupe, que ese violín se convierte en un contrabajo cuando pasa por Los Rosales.
(Mujiquita hace señas hacia un personaje que se supone entre bastidores; le indica que espere; se fija si los otros no lo están viendo y en un descuido de éstos abandona en puntillas la escena).
Sherlock (a Morrocobrero).-- ¿Y cuál es la habitación?
Morrocobrero.—Este es el paraqué. Y aquello también es el paraqué, porque ¿para qué vamos a ponerles nombres a las habitaciones? Pero déjenme llamar a mi señora. Icotea, mi amor, ¡tenemos visitas!.
Icotea.—Si es el recibo del Country Club, dile que vuelva mañana (entra). ¡Adiós cará, si son los turistas!.
Morrocobrero.—Sí, mijita, han vuelto a practicarnos una visita domiciliaria, para ver si encuentran aquí a la señorita Joan Crawford.
Icotea.-- ¿A la señorita Joan Crawford, aquí? ¿Tú no la has visto, Juan? ¡Por que aquí viene tanta gente! Esto es un pasar de automóviles.
(Pasa un automóvil por arriba)
Miss Kakatúa.-- ¡Ay qué susto! ¡Me dan un miedo las ruedas!.
Morrocobrero.-- ¿Las ruedas? A mí lo que me da miedo es el Eje.
Sherlock (a Juan de la Calle).-- ¿Usted no ha visto a Joan Crawford?
Juan de la Calle (siempre acostado) .—Sí, la vi en “Rostro de mujer”: pero me gusta más Cantinflas.
Morrocobrero.—Pero ¡por qué no se sientan? (a Icotea) Mi amor, tráele al Mister la butaquita de Pérez Soto… Un recuerdito…
Miss Kakatúa.—Y yo ¿dónde me siento?
Morrocobrero.—Pues mira, siéntese en esa penca e tuna. Y esta noche cuando se vaya a acostar se divierte sacándose las espinitas y diciendo: Te quiero, mucho, poquito y nada…
Morrockfeller.—Pero ¿cómo pueden ustedes vivir a quí?
Morrocobrero.—Porque no podemos vivir en otra parte.
Miss Kakatúa.-- ¿Y qué comen?
Icotea.—El desayuno, el lonch o la cena?
Miss Kakatúa.—El desayuno.
Morrocobrero.—Pues, el deayuno no está mal. Guayoyo a la chatobrian, trefilé maduro vulgo topocho y dos amarillos…de mango.
Miss Kakatúa.-- ¿Y cubiertos?
Morrocobrero.-- ¿Cubiertos? Medio cubiertos, pero cuando llueve, el día de la Raza, señora: Descubiertos.
Miss Kakatúa.—No, que si tienen cubiertos. Vajilla.
Morrocobreros.-- ¿Ah, vajilla? Mi amor, enséñales el platico…
Icotea.-- ¿El de Ofelia, mi vida?
Morrocobrero.—No seas optimista, negra, el del Dr. Toledo Trujillo. Otro recuerdito.
Miss Kakatúa (a Icotea, que va a salir).—No se moleste. ¿Y duermen bien?
Morrocobrero.—Yo ni se, porque como me quedo dormido, pues no sé cómo duermo
Sherlock.-- ¿A qué le huele, Mister?
Morrockfeller.—A pesar de todo, huele a oro.
Morrocobrero.-- ¿Huele a oro? Mire, Mister, usted como que es muy orvidadizo.
Morrockfeller.-- ¿Por qué?
Morrocobrero.—Usted cómo que se pensaba traer la nariz y se le olvidó y se trajo el filtro.
Sherlock (levantándose y registrando).—Bueno, hay que registrar.
Morrocobrero.—Muy bien. Puede usted registrar. Pero saqueos no. Un momento, cuidao y me rompe el florero de la garzoniere
Sherlock.-- ¿De cuál garzoniere?
Morrocobrero.—De la de Santos Matute. Es un recuerdito.
(Sherlock busca mucho, todos le miran. Por fin se cansa).
Icotea.—Déjeme prenderles la luz, que ya se ha hecho de noche. (Conecta un cable del poste que se supone en el puente).
Morrocobrero.-- ¿No encontró nada, Musiú?
Sherlock.-- ¡No encuentras tú de día y voy a encontrar yo de noche!.
Morrocobrero.—Bueno ¿y uste cree que va a encontrar aquí a la señorita que se perdió?. ¿O los restos de la señorita?.
Sherlock.—Mi deber es investigar. Usted andaba con nosotros.
Morrocobrero.—El último que estuvo con la señorita fue Mujiquita.
Sherlock.--¿Y dónde está Mujiquita? ¡Qué extraño!.
Morrocobrero.—El hombre se alcanforó.
Juan de la Calle.—Mire, yovi un hombre misterioso que le estaba haciendo señas a Mujiquita dese el Portachuelo. Parecía chino.
Morrocobrero.—Le voy a dá otro detalle. Mujiquita le ofreció a usté unos reales.
Sherlock.—Esas son cuestiones de amor.
Morrocobrero.-- ¿De amor? Bueno, usté hará una declaración de amor. Yo haré una declaración de interés. Otro detalle: Mujiquita me preguntó el otro día que si yo conocía a Juanita Cruz. Le dije que sí, que la había visto toreando; entonces me propuso que lo ayudara con ella y que partíamos. Pero a mí no me convino porque yo sé lo que va a pasar. Ella está con el toro, Mujiquita es una lanza en el túnel del Calvario, va a partí, mitá y mitá, se va a cogé a Juanita Cruz y me va a dejá a mí el toro. ¡Yo lo conozco!.
Sherlock.—Hay que ir a la casa de Mujiquita. ¿Dónde vive Mujiquita?
Morrocobrero.—No sé bien, pero debe ser por el Platanal, porque él se la pasa jalando.
Miss Kakatúa.-- ¿Qué es jalando?
Sherlock.—Jalando es el gerundio de un verbo reflexivo, se conjuga como doler.
Miss Kakatúa.--¿Y duele?
Sherlock.—El mecate.
Miss Kakatúa.-- No entiendo. Explíqueme usted (a Morrocobrero)
Morrocobrero.--¿Qué le explique yo? Bueno, jalar, es un verbo. La primera persona del singular es el que jala. La segunda persona, es el jalao; la tercera persona es el que se embroma, porque el jalao, después de la jaladera, pone al jalador y quita la tercera persona del singular del presente indicativo. Los verbos neutros se presentan así, de repente, y le arrean a uno un copretérito perfecto, que lo dejan a uno en el infinitivo, señora y no le queda a uno más remedio, que olvidar el participio pasado y dedicarse al imperativo categórico, porque si se descuida, lo llevan a uno a que hable con el pluscuamperfecto del Departamento Vargas, y entonces, el sustantivo Galavis se confunde con la declinación del sujeto y le plantan el subjuntivo en la puerta e la Comandancia y no lo dejan salí. Mire lo mejor es que vayamos a buscá a Mujiquita.
Miss Kakatúa (llorando).-- ¡Ay Carevaca, mardita sea tu alma, Carevaca… (sale llorando)

ESCENA IX

Chang se adelanta, prende con alfileres un retrato del general Medina, deja en el suelo un rollo de mecate y dice:
Chang.—Esta es la casa de Mujiquita.

(Entran Sherlock, Morrockfeller, Miss Kakatúa Morrocobrero, Icotea, Periodista e Investigador). (Sherlock comienza a examinar las cosas con lupa, como si estuvieran).
Sherlock (a Chang).-- ¿Qué es esto?
Chang.—Una chifonier. ¿No la está viendo? (Sherlock registra la chifonier imaginaria).
Sherlock.--¿Y esto?
Chang.—El escaparate
Sherlock.-- ¿Quién tiene la llave?
Chang.—Aquí la tiene (Se la da y Sherlock hace como que abre el escaparate y registra. Saca unos calzoncillos imaginarios, los agarra por las dos puntas y exclama: ¡Muy remendados! (Luego continúa su registro)
Sherlock.—Aquí tampoco hay nada.
Morrocobrero.—Registren abajo e la cama. A las mujeres les encanta metese abajo. Figúrense que una vez llegó Icotea, mi mujer, a casa, se asomó bajo el catre a ver si había puesto la piroca y encontró nada menos que a la vecina Domitila, una negrota que habla francés desde que es cocinera del doctor Cristóbal Benítez… La pobre Domitila estaba ahí por una feliz coincidencia.
Icotea.-- ¿Feliz coincidencia, vagabundo? Puro peculado…
Morrockfeller.-- ¿Cómo?
Icotea.—Peculado. ¿Usted cree que yo no leo los periódicos? (a Morrocobrero) Y lo que tú estabas haciendo con Domitila era un delito de peculado, pá que te enteres.
Morrocobrero.—Ahora si la puse de oro. (Se agache) ¡Miren! Allí hay una cosa.
Sherlock.-- ¡Sácala!
Morrocobrero.--¡Boliche! Yo no toco aquí ni el himno nacional.
Sherlock.—Déjeme ver. (Se agacha y hace como que saca algo debajo de la cama). ¡Un túnico! (a Morrockfeller) ¿Reconoce usted ese túnico?
Morrockfeller.-- ¡Yo no!
Sherlock (a miss Kakatúa).-- ¿Y usted?
Miss Kakatúa.-- ¡Caballero! Yo soy una señorita.
Morrocobrero.-- ¡Gran cosota! Con esa cara y esas canillas, hasta yo sería señorita…
Sherlock (a Morrocobrero) ¿Y usted reconoce este túnico?
Morrocobrero (asombrado).-- ¿Quién yo?
Icotea.—¡Sí, tú, sinvergüenza!
Morrocobrero.—Pero, negra, ¿cómo se te ocurre? ¡Yo la única ropa interior que reconozco es la tuya, por los remiendos!. Yo no he conocido más relaciones interiores que las tuyas y las del doctor Chiossone.
Sherlock.—En realidad, esta tela parece un túnico (Midiendo a cuartas la tela imaginaria). Pero, para la poca tela que gastan las mujeres ahora, me parece muy grande.
Mujiquita (entrando).-- ¡Buenas noches, señores! ¿Qué se les ofrece? ¿A qué debo el honor de esta visita?
Morrocobrero.—Pues aquí, viejito, repasando la ropa.
Sherlock (imperioso).-- ¿De quién es este túnico?
Mujiquita.—Ese no es un túnico.
Morrocobrero.—No, cabeza e ñame. Es el Salón Elíptico.
Mujiquita.—Ese no es un túnico, repito. Es una camisa.
Sherlock.--¿Camisa? ¿De dormir?
Mujiquita.-- ¿De dormir? No señor. Esa camisa es de Arturito.
Sherlock.-- ¿De Arturito?
Mujiquita.—Sí, señor. Esa es la camisa del hombre feliz. Yo se la aliso cada vez que hay un cambio y a él no le pasa nada.
Morrockfeller.—Bueno, Mujiquita, apartando la camisa, ¿dónde está la señorita Joan Crawford?
Mujiquita (registrándose).—Yo no la tengo.
Sherlock.--¡Usted la tiene! En el cabaret estaba con ella. Salió con ella y regresó solo. ¿Qué hizo con ella?
Mujiquita.—No tuvimos tiempo de hacer nada. Había mucho policía en el Atlántico.
Investigador.—Un momento. Soy de la Investigación, ¡Mujica: usted la mató!
Periodista.—Bravo, bachiller, lo felicito. Ha sido un golpe de psicología.
Morrocobrero (al periodista).-- ¿Y usted quién es?
Periodista Redactor de “El Tiempo”.
Miss Kakatúa.-- ¿No la habrán kidnapeado?
Morrocobrero.--¡Señora! Que estamos en la vía pública…
Miss Kakatúa.--¡Caballero! Kidnapear en mi país significa secuestrar.
Morrocobrero.--¡Secuestrar! A lo mejor usted tiene razón. Él la estaba enamorando para casarse con ella y conseguir la plata.
Morrockfeller.—¡Y aquí huele a oro!.
Sherlock (a Mujiquita).-- ¿Es cierto que usted me ofreció cuarenta mil bolívares si lo ayudaba a conseguir a la señorita Crawford?
Mujiquita (rendido) ¡Sí señor!
Periodista.--¡Bravo! ¡Qué golpe de psicología!
Investigador.--¡Mujica, Míreme bien! Usted la mató (Mujiquita se voltea hacia Chang y éste hace como que va a pitchar)
Mujiquita.-- ¡Sí señor, la maté!
Todos.--¡Oh!
Miss Kakatúa.--¡Gángster! ¡Al Capone!
Investigador.--¿Cuándo la mató?
Mujiquita.—Aquella misma noche.
Sherlock.-- ¿Para robarla?
Mujiquita.—No señor, en defensa propia.
Sherlock.--¿En defensa propia?
Mujiquita.—Sí, señor. Yo me la llevé hasta Naiguatá por la carretera. Y cuando yo me asomé al barranco para ver el paisaje, ella se me vino encima como una fiera. Luchamos al borde del precipicio como en las películas de serie. Y finalmente, ay, ella se estrelló en el mar como una tortilla…
Morrocobrero.—Embuste, Mujiquita, que ese es otro crimen.
Mujiquita.—Ah, si es verdad, así no fue la cosa. Lo que pasó fué que cuando nos vimos solos ella pretendió abusar de mí. Era muy atacona la pobrecita (llora)
Morrocobrero (consolándolo).—No llores, viejo, hay que tener conformidad.
Sherlock.—Y después de matarla, ¿qué hizo?
Mujiquita.—LA descuarticé.
Miss Kakatúa.-- ¡Caníbal!
Sherlock.--¿Por qué la descuartizó?
Mujiquita.—En defensa propia.
Sherlock.-- ¿Cómo?
Mujiquita.—Sí señor. Quedó así, muertecita, desnuda, provocativa, con un lunar en la barriga. Y como yo soy tan débil, la descuarticé para no verla desnuda. Era buenaza la pobrecita.
Morrocobrero (palmeándolo) Resignación, hermano, resignación… ¿Oye, estaba suavecita, verdad?
Icotea.—¡En papel de lija me voy a forrá yo pá que sepas lo que es suavecita!
Sherlock.-- ¿Y qué hizo después de descuartizarla?
Mujiquita.—LA enterré
Morrocobrero.—Menos mal que no dijo que la había enterrado yo.
Sherlock.-- ¿Dónde la enterró?
Mujiquita.—No me acuerdo
Morrocobrero.—Haz un esfuercito, Mujiquita.
(A Mujiquita se le cae un papel cuando saca el pañuelo para llorar. Sherlock lo recoge)
Mujiquita.—La enterré en un hueco,  junto al Hospital Vargas.
Morrocobrero.-- ¿Estás seguro?
Mujiquita.—No muy seguro. O en el Hospital Vargas, o en la esquina del Hospital, o frente a la casa de Pedro José Vargas. Es que se me engalletan las direcciones.
Investigador.—Mujiquita, míreme bien. ¡Usted la enterró en el Distrito Federal!.
Mujiquita.—¡Sí señor!.
Periodista.--¿Qué golpe de psicología!
Sherlock.--¡Lo descubrió! (Mujiquita) ¿Y por qué la enterró?
Mujiquita.-- ¿Qué quería usted? ¿Que la vendiera como chateaubriands? Lo hice en defensa propia.
Morrocobrero.-- ¿También?
Mujiquita.—Sí. Porque si la dejo sin enterrarla me descubren. Estaba tan bien cortadita (llora).
Morrocobrero.--¿Muy bien cortadita? No llores, Morreo.
Sherlock (esgrimiendo el papel que recogió).-- ¡Entrégueme el plano!
Mujiquita (temblando).-- ¿Qué plano?
Sherlock.—El plano de Caracas.
Mujiquita.-- ¡No lo tengo! ¡Por mi mamaíta que no lo tengo!.
Periodista.-- ¡Qué pistolada es esa del plano! ¡El crimen está bien claro. El horrendo asesinato de Joan Crawford. El asesino confiesa; después de descuartizarla la enterró. La fiera se ensañó chupándole la sangre a la víctima. Con el corazón entre los dientes bailó la danza de los siete velos y llamó por teléfono al botiquín para que le llevaran una kokakola!.
Mujiquita.-- ¡Pero todo eso es mentira!.
Morrocobrero (señalando al periodista).—Lo dice “El Tiempo”
Mujiquita.-- ¡Ay! Pues entonces es verdad. (Llora amargamente).
Sherlock .-- ¡Venga el plano!
Mujiquita (gritando).-- ¡No lo tengo, no lo tengo!.
Sherlock.—Bien… Lo buscaré. Pero ante todo ¿qué significa este papel?
Investigador.—A ver, a ver.
Sherlock.—Un papel sellado, y el comienzo de un contrato. ¿Qué quiere decir esto?
Mujiquita.—Nada. Mi nombre. Yo pensaba hacer un contrato, pero no lo hice…
Sherlock.—Lea esto
Mujiquita.—Mujica Hipólito… Hipólito Mujica…
Sherlock.—No señor, allí no dice eso… Allí dice: Mujica y Polito
Mujiquita.—Bueno, es que no tengo ortografía. Lo puse así: Mujica y Polito, aparte y sin hache, pero es Mujica Hipólito.
Morrocobrero.--¿Y por qué pusiste Hipólito si tú te llamas Francisco de Paula?.
Mujiquita.—En defensa propia.
Sherlock.—Eso de Polito lo averiguaremos más tarde… Vamos a buscar el plano. En este retrato…
Mujiquita (llorando).—No me rompan mi retrato.
Sherlock.—Veamos. Un retrato del general Medina…
Morrocobrero.-- ¡Ah Mujiquita!.
Sherlock (saca el retrato del general Medina del marco).—Detrás hay otro. ¡Ah, un retrato del general López Contreras…!
Morrocobrero.-- ¿Ah Mujiquita pá sabé!
Sherlock (saca el retrato del general López).—Y esto… Ah, un retrato del general Gómez.
Morrocobrero.--¡Ah Mujiquita camaleón! (palmeándolo).—Eres un águila (a Sherlock) Mire Mister, no siga Ya sé dónde está el plano.
Sherlock.-- ¿Dóne?
Morrocobrero.—Si no está debajo de Castro, está debajo de Andrade.
Sherlock (a Mujiquita).—Mejor es que entregues el plano, Mujiquita. Porque si no voy a nombrarle secretario privado de Rufino Blanco Fombona.
(Mujiquita asustadísimo se registra los bolsillos y saca el plano)
Mujiquita,-- ¡Aquí lo tiene!
Sherlock.-- ¡Por fin! (al Investigador).—Arrésteme a ese hombre y llévelo al Obispo. (El Investigador agarra a Mujiquita)
Miss Kakatúa.-- ¿Al Obispo? ¿Y para qué le llevan aquí los presos al Obispo?
Morrocobrero.—Para que los confirme.
Miss Kakatúa.--¿Oh! Yo soy muy católica. Yo también quiero visitar al Obispo.
Sherlock (al Investigador).—Llévese también a la señora para el Obispo. (El Investigador la agarra con la otra mano y va saliendo con ambos).
Morrocobrero.—Y la pones en el mismo calabozo de María Pachini pá que se distraiga…
(Salen todos)

ESCENA X

(Entra un señor de anteojos oscuros y se sienta en una silla).

Chang.—Este es el Tribunal. Este es el doctor Ajosé Antonio Villegas, Juez de Instrucción. (Entra Mujiquita. Chang hace como que va a pichar).
Villegas.--¿Qué hay, viejito?
Mujiquita.—¡Guá, Villeguitas!
Villegas.—Estás muy perdido. ¿Cómo que no estabas en Caracas?
Mujiquita.—No, estaba por el Obispo.
Villegas.--¿Y qué hacías ahí?
Mujiquita.—Preso.
Villegas.-- ¡Preso! ¿Y eso por qué?
Mujiquita.—Por la muerte de Joan Crawford, chico.
Villegas.—Ah, si es verdad hombre, se me había olvidado. Es que yo me la paso ahora con Pedro Sotillo, tú ves, y eso se pega. Bueno, y hablando de todo, ¡cómo fué eso?
Mujiquita.—Pues la maté, viejo, en defensa propia.
Villegas.—Sí, eso lo publico “El Tiempo”. Pero ¿dónde la enterraste?
Mujiquita.—Ah, eso no tiene gracia. ¿Diciéndoles? Adivinen ustedes.
Villegas.-- ¿En la Pastora?
Mujiquita.—Frío
Villegas.--¿En San Josñe?
Mujiquita.—Frio
Villegas.-- ¿En San Juan?
Mujiquita.—Frío
Villegas.—Bueno, me rindo´
Mujiquita.—En el Hoyo.
Villegas.-- ¿Pero en cuál hoyo?
Mujiquita.—Ah, eso es distinto. Adivina.
(Entra Sherlock seguido de Morrockfeller, Miss Kakatúa, Morrocobrero e Investigador).
Sherlock.—Un momento. Pido que se suspenda el interrogatorio del indiciado mientras se formulan algunas declaraciones.
Villegas.—Acordado. Se suspende el interrogatorio. (a Mujiquita) Después seguimos, viejo.
Sherlock.-- ¡Ciudadano Juez! No es un asunto lo que nos ha llevado a la investigación de este caso. Son tres asuntos.
Villegas.—Suéltelos.
Sherlock.-- ¿A quiénes?
Villegas.—A los tres asuntos. Son términos jurídicos.
Skerlock (se pasea por la escena con aire de suficiencia, fumando su pipa).—Bien. El primer asunto es la búsqueda de un tesoro. Desde que llegó a este país, el señor Morrockfeller pudo observar un persistente olor a oro, lo que hacía presumir la existencia de una riqueza oculta. Después de haber visitado distintos sitios de distinta categoría, el olor a oro persistía, lo cual hacía pensar que iba con nosotros. En medio de mis largas cavilaciones procedí a la estricta vigilancia del doctor Columbo Silva Bolívar y he llegado a la siguiente conclusión: el asesinato o presunto asesinato de la señorita Joan Crawford estaba íntimamente ligado con esta materia del tesoro. Al doctor Silva Bolívar se le ofrecieron quinientos mil bolívares para que encontrara el entierro y se procedió a abrir un hoyo en la vuelta de los Frailes Urbanejas. Y, en realidad, se encontraron como dos millones de pesos enterrados, pero en huesos de gente. En consecuencia, se le entregaron al doctor Silva Bolívar quinientos mil bolívares en huesos: el doctor Silva Bolívar ha procedido a comprarle su quinta egipcia del Cementerio al doctor Ascanio Rodríguez para honrar allí las cenizas de los difuntos, por cuya prematura desaparición renovamos las expresiones de nuestra condolencia.
Morrocobrero.-- ¡Plazo e galleta!
Villegas.—Bueno, pero…
Sherlock.—Un momento, ciudadano Juez, una cosa me intrigaba. Cuando se entierra tanta gente, se entierran morocotas. ¿Dónde estaban las morocotas? El olor a oro las delataba. El tesoro existía, pero estaba oculto. ¿Quién encontró, pues, ese tesoro oculto? (señalando al Investigador) ¡El señor!
Investigador.-- ¿Yo? Yo soy de la Investigación…
Sherlock.—Usted no es de ninguna Investigación. Usted es el doctor José Loreto Arismendi.
Villegas (señalando al investigador).-- ¡Arresten al señor! (Se lo llevan).
Sherlock.—Entonces, ante semejantes descubrimientos pasé, por deducción, a otro: ¿Por qué hay tantos hoyos en Caracas? ¿Qué quiere decir esa cantidad de huecos en todas las calles? Son tesoros, ciudadano juez, tesoros. Cómo no va a oler Venezuela a oro si diariamente sacan un tesoro. ¿Quiénes? Es una sociedad, una sociedad que yo he descubierto. ¿Y cómo descubrí esa sociedad? (señalando a Mujiquita) En la casa del señor. Este papel me lo dijo todo. Vea usted, ciudadano Juez: Mujica Hipólito. Es el comienzo de un contrato. Pero no es Mujica Hipólito. Es Mujica y Polito. ¿Y quién es Polito? Leopoldo Martínez Olavarría, Ingeniero Municipal, a quien Caracas entera conoce por el cariñoso nombre de Polito. Ya se descubre la trama. El doctor Arismendi preside la sociedad. Polito, Ingeniero Municipal, es el vicepresidente. Mujiquita se entiende con Polito y se compromete a decir que ha enterrado a la señorita Griselda Crawford, perdón, Joan Crawford. Pero no dice dónde la ha enterrado. El doctor Arismendi, en una pregunta que “El Tiempo” calificó de “golpe psicológico”, le hace confesar que la enterró en el Distrito Federal. ¿Qué hay que hacer? Abrir hoyos, abrir huecos para encontrar el cadáver. De manera que así se explica por qué hay tantos huecos en las calles de Caracas. Lo que no los abre la Ingeniería Municipal, los hace abrir Mujiquita buscando a Joan Crawford. Pero la verdad es que lo que están buscando son tesoros. ¡Los tesoros son sacados, se reparten entre la sociedad, y huele a oro pá la cara del difundo!.
Villegas.—Arresten a Polito (sale un policía)
Sherlock.—Pero falta algo. Para proceder de esa manera se necesita influencias. ¡Y la pista la dio usted! (Señala enérgicamente a Morrocobrero)
Morrocobero.-- ¿Yo? ¡Caray, usté se está pasando!
Sherlock.-- ¡Usted!
Morrocobrero.-- ¿yo? Mire, amigo, si es mamadera de gallo, vamos a dejarla en real y medio y cuartillo. Pero si la cosa es en serio, le voy a manifestar que conmigo se le van a poner los tapiramos a catorce reales. ¡Yo soy un obrero humilde y desamparado!. Bebo agua cuando la cargo, porque conseguir agua potable bajo los puentes es más difícil que confundir a Chicho Heredia con Chicho Araujo. No tengo luz eléctrica, porque la única planta que me hace ver candela es la planta de los pies. Soy un Juan Bimba, pero cuando me quieren atropellar me pongo tan alborotao que el doctor José Encarnación Serrano al lado mío es el cuádruplo Rigoberto. De manera que me va a hacer el favor de voltear su morocha, porque yo por las buenas soy muy bueno, pero cuando yo me caliento, ¡ay mi amigo, eso es más peligroso que poner a Petróleo Crudo interno en el Colegio de las Hermanas!.
Sherlock.—Sosiéguese, compañero, sosiéguese. Calma y cordura.
Morrocobrero.—No, no señor. O calma o cordura. Pero, ¿las dos cosas? Es demasiado para el que no tiene el almuerzo seguro.
Sherlock.—Yo no he dicho que usted sea criminal, sino que usted me dio la pista por casualidad…
Morrocobrero.--¡Ah, eso es otra cosa. Así si cómo que vamos a jugá el talisayo!.
Sherlock.—Pues bien, ¿usted es obrero, verdad?.
Morrocobrero.—Desde por la mañana hasta la tarde y a mucha honra.
Sherlock.--¿Y con qué se hacen las cañuelas?
Morrocobrero.—Con madera y una pasta de yeso…
Sherlock.--¿Y con qué se pintan?
Morrocobrero.—Con una pintura dorada.
Sherlock.--¿Y con qué se hace esa pintura?
Morrocobrero.—Con esencia de cambur. Carrizo, ¡este hombre es el diablo!
Sherlock.—Ahí lo tiene usted, ciudadano Juan. El cambur huele a oro. (Al apuntador) ¿Cómo se llama usted?.
Apuntador.—Yo soy el apuntador.
Sherlock.—Su apellido completo.
Apuntador.—Arreaza Parra.
Villegas.--¿Arreaza Parra? ¡Arréstenlo!
Sherlock.—Y allí tiene usted, señor Morrockfeller, los motivos por los cuales Venezuela huele a oro.
Morrockfeller.--¿Y la señorita Joan Crawford?
Miss Kakatúa.—Sí señor. Nosotros no podemos regresar a los Estados Unidos sin Joan.
Sherlock.—La señorita Joan Crawford está en El Baúl.
Morrockfeller.--¿Y dónde está el baúl?
Morrocobrero.—El Baúl queda en el Estado más simpático de esta República, en el Estado Cojedes.
Villegas.--¡Traigan el baúl!
(Traen el baúl).
Sherlock.—¡Allí está la señorita Joan Crawford!. (Chang trata de irse). Un momento, ¡usted no se va!. Usted la metió en el baúl y usted la saca del baúl.
Morrocobrero.—Mucha vista, mister Morrow, como lo mete a usted en una caja e fósforos.
Sherlock.--¿La puede usted sacar del baúl?
Chang.—No señor.
Sherlock.—Ya lo sabía. Y sabía también que este señor (señalando a Mujiquita) se dejó acusar de asesinato antes que exponerse a las iras de este chino. Un asesinato se ve todos los días. Pero cuando este chino le da la vuelta al brazo y tira un estrai rodillero, hay que llamar las mulas.
Morrockfeller.—Bueno, yo quiero ver a la señorita Joan Crawford.
Sherlock.—Un poco de paciencia. (A Chang) ¿Usted es Chang, verdad?
Chang.--¿En qué me lo conoció?
Sherlock.—Muy sencillo. Este hombre (señala a Morrocobrero) vino con su señora y usted se la cambió por un paquete de maní y él no se ha fijado. Se lo está comiendo…
Morrocobrero (dando un salto y tirando el maní).—¡Icotea, mi pobre Icotea, me la comí!
Chang.—No se preocupe amigo, reclámesela al manisero.
Sherlock (a Chang).—Vamos al grano.
Chang.—Bueno, a sus órdenes.
Sherlock.-- ¿Conoce usted el Baúl?
Chang.—No señor. No he pasado de San Juan de los Morros.
Sherlock.—Eh, mucho gusto. Los Morros somos de allá. Bueno se trata de sacar a la señorita Crawford del baúl.
Chang.—Eso es muy fácil. (Da unos pasos) Verán ustedes a la señorita Joan Crawford. (Todos se agolpan alrededor del baúl. Abrenel baúl y sale Anésimo)
Sherlock.—Anésimo, ¿qué hace usted aquí?
Anésimo (entono de discurso).--- A la llegada a este pueblo de tan distinguidos visitantes, tengo el honor de darles la bienvenida en mi carácter de Jefe Civil del Baúl. (Señalando hacia el baúl) ¡Mi señora! (Sale Joan Crawford).
Morrockfeller.—Pero, ¿qué es esto?
Anésimo.—Nada, me casé con ella por el artículo 111, o sea: legalización de persogo.
Joan.--¿Muy felices! ¡Muy felices!.
Villegas.—Bueno,¿pero dónde está el crimen?
Sherlock.—El crimen ha sido evitado por el súbito enamoramiento y las nupcias de Joan con Anésimo. El crimen lo iban a cometer el señor (señala a Mujiquita), en combinación con el señor (señala a Chang). Mujiquita iba a conseguir a la señorita Crawford para quedarse con la plata mientras el señor (Chang) se quedaba con las curvas.
Villegas.--¿Y para qué quería el señor las curvas de la señorita? (A Chang) ¿Quién es usted?
Chang.—Yo soy Chang.
Sherlock.—Mentira. Usted no es Chang. (Al público) Señores, ¿ustedes saben quién es este hombre que amenazaba a Mujiquita con un “desbol”? ¿No adivinan quién quería ponerse en las curvas de Joan Crawford? ¿El chino Chang? ¡Pues no! El chino Canónico. (Chang le da vuelta al brazo pero Villegas lo detiene).
Villegas.--¿Arresten al señor!.
Chang.--¿Qué me arresten? Yo soy el ídolo del público.
Villegas.--¡Arresten al público!
Chang.—Pero mira, Villeguitas, si tú fuiste a La Guaira a ercibirme cuando llegué de Cuba.
Villegas.--¡Arréstenme a mí!
Morrocobrero (a Joan).—Bueno, señora o señorita, nos quedamos con sus curvas, las de afuera y las de adentro. Venezuela huele a lo que sea, pero usted huele a cielo.
Joan.—No. Venezuela no huele a oro. Venezuela huele a trabajo, a pueblo sano y a tierra hermosa. Venezuela huele a Patria.
Morrocobrero.—¡Caray, me va hacé llorá la mujercita! ¡Ah hombre feliz este Anésimo!
Joan.-- ¿Cómo dice? ¿Quién es Anésimo?
Morrocobrero.--¿Qué quién es Anésimo? ¡Gua, su marido…!
Joan.--¿Mi marido? ¿Mi marido es Anésimo? ¡Sinvergüenza! ¡Yo que creía que me había casado con el doctor Tejera! ¡Desgraciado, embustero!.
Sherlock.—Eso no es nada. Dentro de tres meses, cuando usted se acostumbre a Anésimo, cuando empiece a gustarle Anésimo, va a resultar que es el doctor Tejera.
Joan (A Anésimo) .—Si dentro de tres meses resultas que eres el doctor Tejera, te voy a coger la cabeza y le voy a dar vueltas, desgraciado, para que la chiva te quede arriba y te tengas que hacer la permanente.
Morrocobrero.--¡Atención! ¡En aquel tranvía viene el doctor Tejera!
Joan.—¡Al baúl, mi amor! (Se meten ella y Anésimo en el baúl). Si preguntan por mi díganle que estoy en el Guárico.
Sherlock.—Un momento. (Señala al público) ¿No se despiden?
Joan.--¿Adiós, amado público! Nos vamos al Baúl. ¿Cuándo volveremos? “El Tiempo” lo dirá y si lo dice “El Tiempo”, adiós hasta la eternidad… (Cierra el baúl).
Morrocobrero (a Sherlock) ¿Y nosotros qué hacemos ahora para terminar esta guarandinga?.
Sherlock.—Vamos a ponerle la Gran Chapa a alguno…
Morrocobreo.-- ¿Y a quién?
Mujiquita.—Yo propongo que se la pongamos al propio “Morrocoy Azul”, para vengar a todos los enchapados del año.
Morrocobrero.—Déjate de faramallerías, Mujiquita. Si le ponemos la chapa al Morrocoy nos cortan el cambur en el periódico…
Los otros.--¡Sí! ¡Qué le pongan la Chapa al Morrocoy! ¿Qué se la pongan! ¿Qué se la pongan!.
Sherlock.--¡Silencio! ¡Un momento! Yo estoy de acuerdo en que, como obra de justicia, se le ponga la Chapa al Morrocoy. Pero al mismo tiempo comprendo los argumentos de Morrocobrero, o sea, que si le ponemos la chapa nos cortan el cambur. Por lo tanto, en vez de ponerle la chapa al Morrocoy, propongo que se la pongamos a la Compañía de Tranvías Eléctricos de Caracas, que es lo mismo.
Todos.-- ¡Aprobado! ¡Aprobado!
(Se produce el enchapamiento del Tranvía. Por un lado sale un morrocoy vestido de tranvía y por el otro la Gran Chapa)
Sherlock (a Morrocobrero).—¡Pónsela tú que hablas latín!
Morrocobrero.--¿Tú cómo que te imaginas que yo soy el Padre Pellín?
Miss Kakatúa (cariñosa).—Sí, pónsela Morrocobrerito…
(Van entrando todos los personajes de la obra. Entran también unos cañoneros que tocan “Sobre las Olas” o cualquier cosa por el estilo. Si se puede se tiran cohetes)
Morrocobrero (aclarándose el pecho).-- ¡Alea jacta est! Traducción: Estamos jartos de jalea. (Dirigiéndose al Tranvía) Tranviorum Caracasensis, Frater Morrocus Azulis Colgandum perchan tuam et super inalterábilis et eternum rielis NI SALIDES, NI LLEGADES, NI SERVIDES, NI BEBEDES, NICOMEDES ZULOAGUIS. Humilliauts pero nencuam vencitus, alardis reumatiocosus noveni punctum tuum facendi, est pararrayum bollus conductoris vehiculorum que spendor tuo eclipsatus habent. Pero cuando gasolinorum, et cauchorum et repuestorum acabatus seant, como Fenix cenissi imperi tuo supert aficum fenacerat. Entoncis, invocandum traditionale magnificentia et superba generositatis apertísima compañía, tú, qui excelso exemplum est de electricitatis in morrucus transformata, gratis pasajis cocederast nobis, morrocus frater tui, in nomine cuyum magne honore tributamus.

¡ET MAXIMA CHAPA MORROCUS AZULIS CONCEDEMUS!

(Los cañoneros tocan “Para subir al cielo” o algo parecido)
Uno del público.--¡Un momento! ¿Qué manera es esa de terminar? ¿Y el oro?
Sherlock.--¿El oro? ¿Ya no se vio? Guá ¿Y eres tú, catire? ¿Qué te pasa?
El del público.—A mí me parece que se debía decir por qué huele a oro.
Sherlock.—Pero, catire, si ya lo dijimos.
El del público.—No me parece.
Sherlock.—Bueno, entonces podemos suspender esto, el público nos espera un poquito y arreglamos mejor el final. ¿Por qué no vienes aquí para que discutamos eso?
El del público.—Allí, yo no voy allí.
Sherlock.—Pero te estamos invitando a que vengas a discutir para que la cosa quede mejor. Yo creo que en beneficio o en beneficiencia, del público, tú estás obligado a venir.
El del público.—Yo no voy. Ustedes no tiene facultades legales para obligarme a ir. Yo podré ir a informar, pero a discutir, ¿qué ley me obliga?.
Sherlock.—Pero, el artículo caterce es muy claro…
El del público.-- El artículo catorce me obliga a ir a informar pero no a discutir.
Sherlock.—Bueno, chico, eso lo arreglará la Corte.
El del público ¡Si Dios quiere! (Se sienta)
(Morrocobrero y Sherlock se destacan hecia el centro y se dirigen al público “al alimón”)
Sherlock.—
Mientras la Corte revela
su opinión sobre este asunto,
al público le pregunto:
¿A qué huele Venezuela?

Morrocobrero.—
Y en Lagunillas y en Coro
donde ya el petróleo apesta
Morrockfeller me contesta:
Venezuela huele a oro.

Sherlock.—
Y entre el Silencio y San Pablo
o bajo el Puente de Hierro
dice el que está como un perro:
Venezuela huele a diablo.

Morrocobrero.—
Y el que descubre un delito
de chanchullo o peculado
responde con desenfado:
Venezuela huele a frito

Sherlock.—
Y el gomecista sin puerto
que sólo piensa en Gregorio,
habla con voz de velorio:
Venezuela huele a muerto

Morrocobrero.—
Y bajando del caballo
el caudillo liberal
dice mirando al corral:
Venezuela huele a gallo.

Sherlock:--
Y el nazi de preinola
que mató a Lola en el mundo
contesta con gesto inmundo:
Venezuela huele a Lola

Morrocobrero.—
Pero ya que estoy aquí
Pueblo viviendo contigo
tengo fe, Pueblo y te digo
¡Venezuela huele a ti!




T E L Ó N


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