BREVE CONOCIMIENTO DEL AUTOR
Mireya Vásquez Tortolero
RAMÓN
DÍAZ SÁNCHEZ
Nació en Puerto Cabello (Estado Carabobo) el 14 de agosto de 1903. Hijo de
Ramón C. Díaz y de Rosario Sánchez. Asistió a las escuelas Francisco Kepper,
José R. Pelayo y Bartolomé Salom en Puerto Cabello, hasta 1916 cuando por las
dificultades económicas de su familia, es llevado por su padre a trabajar como
dependiente en la casa comercial Otto Raddler Sucrs. Luego, tiene necesidad de
desempeñarse como ayudante en un taller mecánico, y también como pintor de
carteles de cine. Completa su educación a través del estudio autodidacta. Fue
escritor, periodista e historiador. Dentro del primer rango fue novelista,
cuentista, ensayista, crítico literario y dramaturgo.
Se inicia en la literatura con
el trabajo periodístico en el Boletín de Noticias y El Estandarte, de Puerto
Cabello (1920-1924). Posteriormente se va a Maracaibo donde establece contacto
con los medios intelectuales de la capital zuliana. Allí colabora en los
periódicos La Información ,
Excelsior y La Hora
Literaria ; en 1925 participa en la creación del grupo
literario “Seremos”, el cual adopta una actitud crítica ante el régimen del
general Juan Vicente Gómez, por esto es llevado a prisión en el castillo de San
Carlos (1928-1929). Una vez liberado, regresa a Puerto Cabello donde contrae
matrimonio, para volver nuevamente al Zulia y se residencia en Cabimas, ciudad
en la cual desempeña el cargo de juez municipal (1930-1935). El mundo de los
campos petroleros que ahí descubre constituye el tema de su primera novela
Mene, galardonada en 1935 por el Ateneo de Caracas y publicada en 1936.
Posteriormente se residencia en
Caracas, allí es nombrado jefe de publicaciones del Ministerio de Agricultura y
Cría entre 1937 y 1939, director de Gabinete del Ministerio de Educación de 1940 a 1941 y director de la Oficina Nacional
de Prensa (1942-1943). Díaz Sánchez incursiona en la política en el año 1943,
en ese momento es nombrado diputado por el Estado Carabobo (1943-1945); en esa
época es colaborador de los diarios El Universal, El Nacional, El Heraldo, La Esfera , así como de las
revistas Élite, Billiken y del semanario Fantoches. Fue Director de Cultura y
Bellas Artes del Ministerio de Educación (1951-1952), además es consejero
cultural de las embajadas de Venezuela en París, Roma, Madrid y Bonn (1952).
Por su novela, Cumboto (1950)
recibe el premio Arístides Rojas. Esta obra fue traducida al francés y al
italiano. También son obras suyas
Casandra (1957) y Borburata (1960). Esta obra es de gran contenido
social.
En el campo de la historia,
publica una magistral biografía de Antonio Leocadio Guzmán, titulada Guzmán, elipse de una ambición de poder
galardonada con el Premio Nacional de Literatura (1950).
Ramón Díaz Sánchez es considerado como uno de
los mejores narradores venezolanos de la primera mitad del siglo XX. Miembro de
la Academia
Venezolana de la
Lengua en 1952 y de la Academia Nacional
de la Historia
en 1958. Murió en Caracas el 8 de
noviembre de 1968


MENE Y LA
NOVELA DOCUMENTAL
Ramón Díaz
Sánchez publica en 1936 Mene,
la que habría de ser, junto con Cumboto, la obra más conocida de
este autor.
Mene
narra la historia del descubrimiento del petróleo, en el occidente de
Venezuela. Las poblaciones zulianas de Cabimas y Lagunillas sufrirán grandes
transformaciones, gracias a la iniciación de la explotación petrolera.
La riqueza que
representa la presencia del oro negro, tiene como oposición la servidumbre de
tipo moral y humana que supone el brusco cambio experimentado en el país a
partir de ese momento.
Al final,
aparentemente, todo vuelve a la normalidad, pero ha quedado la huella del
petróleo, tanto en la geografía como en la mente de quienes han vivido
semejante transformación.
Como indica el
profesor Gustavo Luis Carrera (1972): Allí
están los más visibles elementos constitutivos: la aparente bonanza económica,
la corrupción de las costumbres, la descriminación, el crimen, el robo, el
suicidio, el accidente mortal o mutilador.
MENE COMO NOVELA
DOCUMENTAL
En nuestro país, la
mayoría de los escritores han tratado de relacionar sus creaciones con la
realidad del país; como ejemplos tenemos a Manuel Díaz Sánchez, Manuel Vicente
Romero García, Arturo Uslar Pietri, Rómulo Gallegos. También Ramón Díaz Sánchez
se preocupa por escribir una novela en la que trata de explicar uno de los
problemas venezolanos de la época que le tocó vivir: la explotación petrolera.
Mene está
catalogada por Orlando Araujo (1988) como una obra de denuncia, un testimonio vivido,
una fabulación veraz o una novela reportaje.
La novela está
estructurada en capítulos y cada uno de ellos señalados con nombres de colores:
Blanco, Rojo, Negro y Azul. Cada uno de ellos simboliza un momento de cambio en
el desarrollo del tema planteado. Se intenta ilustrar, o tal vez resumir,
mediante esa imagen, el clima que se presenta a todo lo largo de la obra. Son
episodios breves, que encierran estampas históricas anteriores a la explotación
petrolera, y los orígenes de ésta; la especulación y desgraciadas ocasionadas
por la locura del petróleo, migraciones desde los campos hacia las zonas
petroleras; el auge de la prostitución y la vida de los negros antillanos, que
vienen a Venezuela, representados por E.N. Philiber, en quien se simboliza la
dIscriminación racial; la crisis que lleva a la aparente normalidad y a la
búsqueda de otra vida.
Mene
es una obra basada en la experiencia directa del autor. Ramón Dïaz Sánchez
permaneció, durante algún tiempo, en la zona petrolera del Zulia (1924-1936),
como empleado de una compañía petrolera y como Juez Municipal. Sin embargo,
como dice el profesor Carrera, Mene no alude a experiencias realmente
vividas en sentido histórico y cronológico por el autor: su acción se ubica en
período anterior a 1930, en la época del “descubrimiento y las iniciales
explotaciones”. No obstante, dice Orlando Araujo Mene es ficción en el sentido estético de la palabra, porque,
aunque el paisaje y los escenarios son reales, inventa los personajes, crea las situaciones y no interrumpe el tiempo
novelesco ni con interferencias, ni con sociologías, ni con el simbolismo
galleguiano.
Díaz Sánchez
acude a figuras simbólicas como ocurre con las extrañas monedas unos discos de oro pesados y relucientes…
Pero ni zamuro ni lechuza. Era un águila. [1]
El conflicto
narrativo presenta el enfrentamiento entre los nativos y los extranjeros
“conquistadores”, quienes han creado en Venezuela la “lista negra” . Allí
estarán incluidos todos aquellos trabajadores que protesten la presencia de los
“rubios”, los que no cumplan con el trabajo asignado, al igual que los
discriminados por sus ideas políticas o por el color de su piel.
También
Casiano y sus hijos se vieron relegados. Eran como otros tantos matojos
arrancados de cuajo y aventados. Su casa permaneció cerrada, igual que la
capilla… (p.45)
¿Teófilo
Aldana? ¿Hasta cuándo voy a decirle que no me moleste?. Usted no puede
reportarse aquí porque está en la lista negra. (p.49)
Teófilo es un negro fornido que no
se dejó gobernar por los “hombres rubios” y que se enfrentó a ellos.
El enfrentamiento entre nativos y extranjeros y la
descriminación racial se ven denunciados por el autor. Ella está claramente
representada en la novela por Enguerrand Narcisus y su esposa Phoebe, una
pareja de trinitarios que había venido a Venezuela con toda la ilusión de
quedarse y trabajar honestamente. El era electricista y ella costurera.
Un infortunado
percance fisiológico que le acontece a Enguerrand, cambiará para siempre su
destino.
Gemían
sus tripas y se retorcían obligándole a apretarse el vientre con las piernas
muy juntas… (p.115)
Se
vio en la necesidad de ir al retrete de los blancos y al verse descubierto cae
en la “lista negra”. Fue despedido de la compañía donde trabajaba y no pudo
conseguir por nada trabajo en ninguna otra parte.
…no
obstante haber estado girando a su derredor como el caminante que en medio del
camino busca el camino: Black List.
¡Espantoso!
¡Catastrófico!. Le habían puesto en la lista negra: Enguerrand Narcisus Philibert,
negro antillano, por haber osado ocupar el retrete de los blancos. (P.120)
Esto
lo lleva a la desesperación y por último a la muerte.
Otro
ejemplo es el de Angela y Jorge. Un matrimonio entre un yanqui y una mujer
criolla. Matrimonio donde los prejuicios sociales y la descriminación racial
acaban por destruir a Angela, pues la decepción la lleva a la muerte.
El
poder económico, político y social de los extranjeros queda evidenciado:
Casas
de madera resplandecientes, sobre pilastras con techumbres aisladoras.
Jardinillos plantados con acusado aire de forasterismo. Todo un pueblo nuevo y
exclusivista, aislado del mundo circundante de una extensa verja de hierro (…)
Allí predomina el blanco, un blanco neto, agresivo como el de los modernos
hospitales y salones de barbería. Sugiere el confort de aquellos chalets cierta
idea de cartujismo, con todo lo necesario para no carecer de nada…
-Ahí
van a vivir los jefes extranjeros… (p.53)
Ellos serán los nuevos conquistadores, los dueños de
la tierra zuliana.
Cesan
de voltejear las hélices y los buques negros vomitan sobre la tierra febril su
cargamento de hombres y de hierros. Hombres rubios duros, ágiles. Maquinarias
fornidas, saturadas, diríase de un espíritu de odio contra todo lo verde. (p.
43)
Pero los extranjeros blancos se adueñan de la tierra
gracias a los criollos que les rinden
pleitesía. Díaz Sánchez representa a estos en dos personajes: Joseíto Ubert,
criollo cómplice de las compañías petroleras y enriquecido a costa de ellas, y
Carolino Kuayro, quien se vendió a los musiúes.
La
maquinaria se hace poderosa, ya no se puede detener. La transformación es
irremediable. Hasta el paisaje cambia.
Pueblos
oscuros -Cabimas, Lagunillas, Mene- se incorporan al frenesí del mundo. Las
veredas convertíanse en calles, los crujizales en viviendas: unas viviendas
presurosas, hechas con los cajones de las máqueinas y tapadas con planchas de
zinc. La demencia de un ensueño extravasado de las fronteras oníricas. (p.44)
Pero
no todo puede ser desenfreno y destrucción. Llegó la crisis. Ya no se vendía el
petróleo en el extranjero. En las grandes potencias había mucho petróleo
acumulado. Entonces, todo vuelve a la calma, al reposo. Se abrió de nuevo la
iglesia…
La
calma acompasada de sus movimientos, el ritmo de sus espíritus iba dando vida a
aquellos cantos. Surgió de forma nítida y preconcebida: una escuela (p.148)
Todas las cosas iban cobrando el equilibrio perdido,
fue naciendo en la gente del pueblo una nueva esperanza.
CONCLUSION
Ramón
Díaz Sánchez en su novela Mene hace un recorrido por todo el
mundo petrolero, desde sus inicios desvastadores hasta el momento de un
asentamiento que lleva a recuperar nuevamente ciertas tradiciones.
Económicamente, el petróleo seguirá siendo la fuente de ingreso, pero, ahora,
más tranquilo y sosegado.
Como
creación novelesca, de carácter documental, Mene toca una gama de
temas centrados en el cambio poderoso que acontece con la aparición del
petróleo: en sus inicios, con un efecto asesino y desvastador, donde la sangre
y la muerte corren paralelas al petróleo. Hay destrucción moral y espiritual.
Hay un afán constante de riqueza (Joseíto Ubert), oportunismo (Carolino
Kuayro). Se van reuniendo todos los males, aun hasta la exploración de tierras
indígenas y el aniquilamiento del hombre a causa de la fiebre y las flechas
envenenadas (Anselmo Soto).
El
profesor Carrera afirma que Mene es la primera novela del petróleo
de autor venezolano; obra de gran valor original en la concepción general y de
sólida significación documental, basada en las experiencias directas de Díaz
Sánchez.
REFERENCIAS
BIBLIOGRÁFICAS
Araujo O.(1972). Narrativa Contemporánea Venezolana.
Caracas, Editorial Tiempo Nuevo.
Carrera G. L. (1972). La
Novela del
Petróleo en Venezuela. Caracas, Talleres Litográficos de Servicios
Venezolanos de Publicidad.
Díaz Sánchez R. (1969). Mene. España, Círculo de Lectores.
Oropeza, J. N. (1984). Para fijar un rostro. Notas sobre la
novelística venezolana. España, Vadell Hermanos Editores.
[1] Ramón Díaz Sánchez. Mene
Caracas, Círculo de lectores, 1966.
Todas las citas a la obra pertenecen a esta edición.